UN PERONCITO (CRÓNICA DE UN SÓLO NIÑO)

Perón-niño

UN PERONCITO (CRÓNICA DE UN SÓLO NIÑO)

 

 

 

PERSONAJES: 

Tomás – Tomasito

El General

La Madre – Juana – Enfermera

El Padre – Mario

Avelino

Dr. Gaetti

Niño 1

Niño 2

Niño 3

 

 

ESCENA PRIMERA  –  TOMÁS Y EL GENERAL

 

Galería de una vieja casa de campo, en algún recóndito lugar de la Patagonia argentina. Sobre las hileras de ladrillos rojos que hacen de suelo, dos mecedoras blancas. En una de ellas, la de la izquierda, se encuentra EL GENERAL: un hombre corpulento, de abrumadora presencia física. Viste, puntilloso, un traje militar. Cuando habla, mueve mucho las manos acompañando el discurso. En la otra mecedora se encuentra TOMÁS, un hombre que aparenta unos treinta y poquitos años. Viste otro traje militar, uno mucho más modesto que el del General, casi el de un soldado raso. Es un poco menos alto que su interlocutor, y muy delgado. También mueve las manos cuando habla, aunque lo hace con una dosis de timidez. Ambos hombres están sentados de manera tal que la línea que forman las mecedoras resulta poco menos que perpendicular a la que dibuja la galería. Nos dan la espalda. Las sillas están levemente inclinadas hacia un lado: la que ocupa El General, hacia la derecha; la de Tomás hacia la izquierda. Así, les resulta más cómodo llevar la conversación. Hablan con la vista puesta en el horizonte. El panorama ante sus ojos es de desolación, un campo llano, árido, infinito. Matorrales y breves pastizales salpican el agostamiento. El cielo es uniformemente gris. El General fuma.

 

TOMÁS

Lindo día…

EL GENERAL

Siempre es un lindo día, mi amigo…

TOMÁS

Los días me preocupan, General. Me angustian.

EL GENERAL

Debería preocuparse menos y ocuparse más…

TOMÁS

Hay algo que me aterra, que me mantiene angustiosamente alerta. Este hermoso cielo gris… Es la pintura exacta de esa sensación. Es maravilloso, pero inquietante. ¿O será que es espantoso y me agrada? (Tiempo) Debe ser el gris, la indiferencia. Odio o amor, ¿pero indiferencia…? (Mueve la cabeza hacia los lados, como en negativa)

EL GENERAL

Los grises… Vaya si los he evitado… Qué fastidio. Del blanco al negro y del negro al blanco, sin transiciones. Ese es el arte que debió aprender usted, compañero. Nada de andar angustiado con preocupaciones.

(Tiempo)

TOMÁS

La extraño tanto, General…

EL GENERAL

Amigo… Algunas mujeres dejan un vacío de espanto, la extinción del Universo no sería nada comparado a sus ausencias físicas… Desaparecen y se multiplican. Dejan el agujero inconmensurable de un recuerdo abrumador… (Tiempo) Pero no se sienta solo… (Pausa) La soledad no es más que un niño enfermo.

TOMÁS

Es que no puedo dejar de mirarla en mi cabeza. Nunca comprenderé lo de la muerte y los sueños. Nada parece haber cambiado desde aquella tarde… Esa siesta… Nada. En absoluto. “No debo estar muerto, debe ser un sueño…”, pienso. Si me siguen viendo, oyendo. Me creen… ¡Me esperan! Yo mismo oigo que les estoy hablando. Les digo cosas que no salen de mi boca. Una comunicación continua, un encuentro inagotable… Está oscuro. En la negrura veo las palabras que me hacen espectador de una acción que me tiene como protagonista. ¿Cómo es que se ve y se oye después de la muerte? La garganta revienta en alaridos sordos. Les explico que no estoy entre ellos, que no les estoy hablando. Pero no hay caso… A veces me pregunto si no será un sueño largo, interminable…

EL GENERAL

(Desde una sonrisa amorosa) Mi amigo, no es posible preguntarse en un sueño si lo que está ocurriendo es sueño, una y otra vez…

TOMÁS

¿Y entonces?

EL GENERAL

Entonces… ¡Siempre! Las cosas son así en este lugar, sucedieron… Y se suspendieron en el aire. (Señalando hacia arriba) Esa pintura gris, eso que tanto lo angustia. ¡Nada puede ser conducido ya! Suspendidos en el aire, eternamente (Sonrisa de plenitud) ¿No es maravilloso? ¡La vida eterna, aquí! Los últimos sobrevivientes. Las escrituras lo sugerían: el cono sur… Condenados a la salvación de la Fe. La quietud de lo perpetuo.

 

 

ESCENA SEGUNDA – TOMASITO, LA MADRE, DR. GAETTI

 

Consultorio médico, que podría estar instalado delante o aún dentro de la habitación que Tomasito comparte con su hermano Avelino. Una camilla, un banco metálico con asiento redondo, un apoya-brazo para la extracción de sangre o aplicación de inyecciones endovenosas, ampollas, jeringas y gran cantidad de tubos de ensayo sobre una mesada de mármol negro.

 

DR. GAETTI

A ver, a ver… Mirá vos, sos el hombrecito más guapo de todos. Seguro que nadie se la aguanta como vos… A ver la venita… ¡Pero qué buenas venas tenés! ¡Me hacés el trabajo fácil!

LA MADRE

No mires, Tomasito. Acordate de lo que dijo papá: si mirás para otro lado, no vas a sentir dolor. Es una pavadita nomás, enseguidita te acostumbrás.

TOMASITO

(Hombros caídos, mirada perdida, como resignado a lo que dicta la situación)  Pssssssss… Áia… Ssssssss, ay…

DR. GAETTI

Ya está. Sostené el algodoncito acá. Apretalo fuerte, eso, muy bien… (Pausa) Así que te gusta jugar a la pelota… (Tomasito asiente tímidamente) ¿Che, te comieron la lengua los ratones?

LA MADRE

Contale al doctor…

TOMASITO

Ya le dije que sí, Má…

LA MADRE

(Bajando el tono de voz e intentando un aparte con el médico)Doctor, ¿en cuánto tiempo se ven los primeros resultados? Me da pena lo que va a sufrir con las inyecciones… No sé, como nada lo mejora… Quiero decir, a veces conseguimos alguna mejoría pero nada dura mucho. Y vuelta a empezar, otra vez… Haríamos cualquier cosa por el nene, por supuesto… (Pausa) Es que el tratamiento es muy costoso para nosotros y si se extiende mucho…

DR. GAETTI

(No responde en el tono confidencial con el que le habló La Madre, habla fuerte para asegurarse que Tomasito lo oiga) Mire, madre: no le va a quedar ni una sola marca muy rápidamente. Usted me pregunta, es lógico, entiendo. Y yo le respondo. Con una afirmación, no con otra pregunta como hacen los idiotas y los miserables. (Pausa) El tiempo es importante. Y es importante curarlo a tiempo. Para mantenerlo controlado. No le voy a mentir: hay cosas que más que curarse se controlan y se llevan toda la vida así. Es como que no existen. Acá se lo vamos a dejar sin una sola marca, ya va a ver. Llegaron en el momento justo, eso es lo mejor. Lo más importante es que en unos pocos años se vea igual a todos los demás chicos. La apertura a la vida social, el despertar a un mundo nuevo… Estamos justo a tiempo.

LA MADRE

Disculpe que le haya dicho así… Pero recorrimos tantos lugares. Conocemos cada uno de los hospitales de Buenos Aires. Ni hablar de los curanderos…

DR. GAETTI

Señora, llevo treinta años estudiando la psoriasis. Logramos lo que nadie con centenares de pacientes. O con miles, ¡ya perdí la cuenta! Y algunos célebres. (Pausa. Sonríe de soslayo) No me gusta andar contándoselo a cualquiera, pero a veces el orgullo me dificulta el silencio… Acá mismo donde estamos, traté… Qué digo traté: curé. Aquí mismo desde donde le hablo, curé al mismísimo Juan Perón. Si se fija bien al salir, en la sala de la fuente puede ver una foto que nos tomamos con el General.

LA MADRE

La vimos, la vimos: es lo primero con lo que uno se encuentra al entrar. Me habían hablado de esa foto. Mi marido siempre le dice a Tomasito que su enfermedad no la tiene cualquiera…

DR. GAETTI

Qué orgullo, ¿vio? El chico ya debe saber quién fue el General (Asomando su cabeza por sobre el cuerpo de la mujer, eleva el tono de voz y se dirige a Tomasito) ¡Ey, enano! ¿Sabés una cosa? El General Juan Domingo Perón le dio trabajo a mi padre y a ocho de sus once hermanos. Le dio trabajo a medio país. Él fue el primer trabajador. ¿Sabías?

(Tomasito lo observa todo en silencio. Cuando se dirigen a él, asiente de modo apenas perceptible. Mientras no lo están mirando, su rostro delata el esfuerzo por escuchar lo que se está diciendo. Pero ni bien los adultos lo sorprenden en un cruce de miradas, Tomasito corre la vista y simula estar distraído)

LA MADRE

Él sabe bien… Mi suegra le mostró los roperos que le regaló Eva, si todavía están impecables. Siempre miramos la estampita pegada detrás de la puerta del medio. ¿No, hijo?

DR. GAETTI

¡Qué grande, enano! ¡La misma enfermedad que el General!

(Tomasito no responde y por primera vez da señales de fastidio)

LA MADRE

(Otra vez en tono confidencial) A veces se pone rebelde, sobre todo cuando se brota en las manos y en la carita… El padre le contó antes de venir acá. Le dijo que al General también le daban las inyecciones… Como para que se anime. Le preguntamos si tenía miedo, pero bueno… Está un poco cansado.

Ahora, las miradas de los adultos se dirigen a Tomasito, quien esta vez no las evita: mira primero a la madre. Luego al doctor. A él le habla.

TOMASITO

¿Tengo que volver?

EL DOCTOR

¿Y a vos qué te parece?

 

ESCENA TERCERA – TOMASITO Y LA MADRE

 

Habitación que Tomasito comparte con su hermano Avelino. Hay dos camas. La de Tomasito, más pequeña, se saca de debajo de la de Avelino, como si fuese un cajón. Tomasito está sentado sobre su cama, semidesnudo. Entra La Madre.

 

LA MADRE

Vamos, a bañarse que va a llegar tu padre.

TOMASITO

Ufa, Má… ¡No tengo ganas!

LA MADRE

No me hagas otra vez lo mismo, no quiero renegar al divino botón.

TOMASITO

¡Es que no me ensucié!

LA MADRE

¿No? ¿Estuviste en el campito de la estación dos horas meta patear la pelota y no te ensuciaste?

TOMASITO

¡Te dije que no!

LA MADRE

¿Te creés que soy tonta? Tenés todos los tobillos negros.

TOMASITO

¿Pero para qué me voy a bañar? Mañana tengo gimnasia y me ensucio de nuevo.

LA MADRE

Ni sueñes con que te voy a dejar ir al colegio así, de ninguna manera. Aparte, decime una  cosa…

TOMASITO

No.

LA MADRE

¿No? ¿No qué?

TOMASITO

¿No? ¿No qué?

LA MADRE

Terminala…

TOMASITO

Terminala…

LA MADRE

Me estás cansando, Tomasito…

TOMASITO

Me estás cansando, Tomasito…

LA MADRE

(Mientras se da vuelta, abre el placard y acomoda ropa) Qué tonto…

TOMASITO

Qué tonto…

Silencio. La Madre ordena el interior del placard mientras Tomasito, tendido en la cama, juega con sus manos como si fuesen avioncitos, aunque no emite sonido alguno.

LA MADRE

A ver si le hacés lo mismo a tu padre cuando vuelva…

TOMASITO

A ver si le hacés lo mismo a tu padre que ya vuelve…

LA MADRE

¡Ah, te agarré! ¡Yo dije cuando vuelva!

TOMASITO

¡Ah, te agarré! ¡Yo dije cuando vuelva!

LA MADRE

Perdiste, la la la…

TOMASITO

Perdiste, la la la…

LA MADRE

Terminala…

TOMASITO

Terminala…

LA MADRE

(Enojada) ¡Terminala, por favor!

TOMASITO

¡Terminala, por favor! (Pausa. El niño observa a su madre -que continúa acomodando ropa- y retoma en voz muy baja, casi inaudible)Mirá que estoy cansada, desde las seis de la mañana que estoy trabajando como una burra y todavía tengo que levantar la mesa, lavar los platos…

LA MADRE

Mirá que estoy cansada, desde las seis de la mañana que estoy trabajando como una burra y todavía tengo que levantar la mesa, lavar los platos… (Silencio. La Madre culmina su tarea, cierra el ropero y continúa el diálogo) Entendeme, chiquito. No se puede ir a dormir todo sucio, con los tobillos y las rodillas percudidas de mugre. ¿Y si te pasa algo a la noche, si tenemos una emergencia? ¿Vas a ir así al hospital a que te vean los médicos?

TOMASITO

¡Máaaaa! Estoy cansado… No quiero levantarme.

LA MADRE

No voy a permitir que duermas así. Se terminó el juego.

TOMASITO

Pasame un trapito…

LA MADRE

No.

TOMASITO

(Suplicante) Por favor te lo pido, el trapito calentito…

LA MADRE

No hagas teatro que no me vas a convencer. Tomasito…

TOMASITO

¡Dale, Má! Si total son los pies y las rodillas nada más. ¡Traé el trapito!

LA MADRE

Mirá que sos, eh… (Pausa) Si no la gana, la empata. (Mientras sale y Tomasito festeja gozoso un nuevo triunfo dando saltos sobre la cama) Y sucio, igualito al padre…

ESCENA CUARTA – TOMASITO Y AVELINO

 

 

Habitación de ambos. La cama de Tomasito está abierta -fuera del cajón donde se guarda-, paralela a la de su hermano. Avelino está acostado, lee una revista. Tomasito en su mundo de juegos, sentado al pie de la cama.

TOMASITO

(Tono vocecita, que es como la miniaturización de un relator de fútbol y de las alocuciones de publicidad radiofónica) Lleva la pelota Jiménez que la pasa para Gutiérrez, centro a la olla cabezazo-oooooooooool, gooooooooooool de Villa Urquizaaaaaaa, otra vez el loco Gutiérrez de cabeza, ¡qué cabezón este Guitérrez! Urquiza dos, Coghlan cero, Guitérrez a los once del segundo…

AVELINO

¡Shhhhh! Hablá bajo que me pierdo.

TOMASITO

(Abandona el tono vocecita) No te pierdas, que estás en casa.

AVELINO

Dejate de hinchar. Andá a dormir que va a volver papá y si te ve ahí sentado se va a enojar.

TOMASITO

Che, ¿vos fuiste de excursión con el cole?

AVELINO

(No despega la vista de su lectura, responde como sin prestar atención)Hace mucho.

TOMASITO

¿Adónde fueron?

AVELINO

A la ciudad de los niños.

TOMASITO

¡Igual que nosotros mañana! (Pausa) ¿No hay otro lugar, que a todos nos llevan al mismo lado? ¡Qué aburrido!

AVELINO

Vas a ver que está bueno. Todas las cosas son chiquitas. Las casas, las calles… (Deja la revista sobre su cama y mira a su hermano por primera vez) Yo me imaginaba que vivían enanitos.

TOMASITO

Te imaginaste mal, porque entonces tendría que ser la ciudad de los enanitos, no la de los niños.

AVELINO

(Abstraído, con la mirada perdida en el techo) ¿No te gusta imaginar cosas? (Silencio) Así, como soñar despierto.

TOMASITO

A veces me imagino que soy otro.

AVELINO

No, no digo eso… (Pausa) No podés ser otro.

TOMASITO

¿Por?

AVELINO

Podés pensar cualquier cosa, imaginarte lo que quieras, pero siempre vas a ser vos mismo: el que piensa. El que imagina. (Pausa) Pensándolo bien, no está muy bueno…

TOMASITO

¿Imaginar lo que querés?

AVELINO

No, no. Eso de no poder ser otro… (Pausa) Escuchá: vos podés pensar lo que sea. Podés imaginarte mejor, peor… Distinto del que sos. Pero siempre vas a ser vos. Podés ver un montón de lugares adentro de tu cabeza… Imaginarte que alguien que pasa por la calle est tu papá, tu mamá, tu hermano, tu primo. Lo que quieras. Sos dueño de lo que tenés en la cabeza. Pero no sos dueño de vos mismo. Podés mantener todas esas fantasías, y también las podés matar, alejarlas de tu cabeza. Pero a vos mismo no: vos sos el de siempre, para siempre. Ese que piensa e imagina todo lo demás.

TOMASITO

Es cierto: hay gente que se mata. Lo vi en la tele.

AVELINO

¿Qué decís? ¿Quién habló de morirse? Yo dije cambiar, ser otro.

TOMASITO

¿Y eso no es lo mismo que morirse?

AVELINO

(Chista) Nada que ver… Si te morís no podés pensar, no podés imaginar nada más. Es mucho peor.

Silencio.

TOMASITO

¿Si te morís no pensás más?

AVELINO

No pensás, no respirás… Nada.

TOMASITO

(Se ríe) ¡Me estás cargando! ¿Cómo vas a dejar de pensar? (Pausa) Si hasta cuando duermo estoy pensando. Como despierto, viste. Pero dormido. Escucho música, grito goles. ¡Todo! Cuando te morís, no dejás de pensar. ¡No se puede! Te vas al cielo y pensás todo el día.

AVELINO

¿Vos escuchás música cuando dormís? Gritar goles sí, te sentí un montón de veces… Goles de esa murga de la que sos hincha, sólo en sueños hacen goles.

TOMASITO

(Jugando a enojarse) ¿Murga? ¿Dijiste murga?

AVELINO

San-lo-ren-zo.

TOMASITO

Si yo no soy de San Lorenzo… Ahora soy de Racing. Yo soy del que gana.

AVELINO

Entonces buscate otro cuadro, esos también ganan salteado…

TOMASITO

¿Te acordás de cuando fuimos a la cancha con el abuelo? ¿Quiénes jugaban?

AVELINO

San Lorenzo – Unión. El bobo del abuelo nos llevó a la tribuna de Unión. Ni uno de los tres goles pudimos gritar. Bah: vos no pudiste, que sos de San Lorenzo.

TOMASITO

¿Ves? Ese día sí era de San Lorenzo. Y justo el día que era de San Lorenzo no lo podía decir porque estábamos en la tribuna de Unión. ¡Me guardé la bandera que me había hecho la abuela en el bolsillo, todo el partido! Si uno de Unión me la veía, ¡me mataba! (Silencio) Che, Avelino… ¿Y por qué papá no nos llevó nunca a la cancha? Siempre que fui, fui con el abuelo. O con el padrino.

AVELINO

Qué sé yo. A papá no le gusta mucho el fútbol, viste…

TOMASITO

A la plaza tampoco. ¿Por qué nunca me lleva a la plaza? (Silencio. Avelino no responde) Ni al circo.  Al único lugar que nos lleva papá es a las inyecciones, con el auto. O al colegio, cuando es invierno y hace frío.

AVELINO

Pedile. Pedile que te lleve. A la cancha no, pero pedí que te lleve a la plaza. ¡O mejor al zoológico, que esta buenísimo! Podría quedarme a vivir con los gorilas…

TOMASITO

No, no voy a poder…

AVELINO

Sí que podés. Por ahí no te animás…

TOMASITO

No quiero.

AVELINO

Pensé que querías ir a esos lugares con papá.

TOMASITO

Nunca me lo imagino a papá.

AVELINO

¿Llevándote a la cancha o a la plaza?

TOMASITO

Nunca me lo imagino. Salvo cuando lo veo y me reta. O cuando está con mamá, cuando tose. Ahí lo veo. Pero no puedo verlo cuando no está.

AVELINO

Qué piola, yo tampoco puedo verlo cuando no está.

TOMASITO

Pienso cosas todo el tiempo, todo el tiempo. Pero a él no puedo verlo si no está en casa. (Silencio prolongado) Entonces cuando nos morimos no pensamos más, ¿no? ¿Es verdad eso?

AVELINO

(Se incorpora) Acostate, dale. Que va a llegar y te va a encontrar despierto. (Tomasito se acuesta y se tapa hasta la cabeza, Avelino se acuesta y agarra la revista) Callate un poco que quiero leer.

 

ESCENA QUINTA – TOMASITO, luego LA MADRE

 

Balcón de la casa familiar. Tomasito muerde la parte superior de un lápiz, tiene un cuaderno abierto. Su voz sale aguda y chillona; imposta el relato radial de un partido de fútbol. Es el tono vocecita que utiliza cuando transita su mundo de juegos, la misma del comienzo de la escena anterior. Al lado del cuaderno abierto hay un reloj despertador antiguo.

TOMASITO

Cinco minut… Im-pre-sio… ¡No se puede creer! Sorpresa y de visit… ¡Golazo….!

Entra la madre al balcón con ropa limpia en sus brazos. Va a colgarla en un pequeño tendedero.

LA MADRE

¡Shhhhh! Que son las tres menos cuarto y la gente duerme la siesta. ¡Pará un poco con ese chillido!

Tomasito interrumpe el relato pero sigue con la mirada perdida en su cuaderno, tirado boca abajo sobre el suelo del balcón. Silencio. La madre cuelga la ropa.

TOMASITO

Má… (Pausa) ¿Por qué no pasa el 107 hoy?

LA MADRE

Pasa. Pero menos. Es domingo y pasan menos colectivos. La gente no trabaja y el servicio es menos frecuente.

Pausa.

TOMASITO

Si la gente no trabaja, ¿el colectivero maneja gratis?

LA MADRE

No seas pavo. El general de la gente no trabaja.

TOMASITO

¿El General? El General no trabaja, ¡manda!

LA MADRE

De qué hablás… ¿Qué general?

TOMASITO

(Ahora mira a la madre) ¡Perón! Perón no trabaja… (Pausa) Si yo soy Perón no trabajo ni loco. Los mando, a todos… ¡Soy Perón! Mi trabajo es mandar a todo el mundo.

LA MADRE

Cada quien hace lo suyo. Los trabajos son así. Unos mandan, otros obedecen. Unos trabajan los sábados y los domingos…

TOMASITO

¿Y entonces por qué no viene el 107? ¡Si no hay colectivos, Mercedes Benz va a perder todos los partidos! Es un muy buen equipo. Pero todos los goles los mete de colectivo, el 107. (Pausa) Hay dos 107 que no son Mercedes Benz. Son Chevrolet. Pero Chevrolet se las arregla igual, hay autos Chevrolet. Mercedes Benz, si no pasa el 107, no mete ni un gol. ¿Quién tiene un auto Mercedes Benz?

LA MADRE

(Termina de colgar la ropa y observa a Tomasito y sus cosas) ¡¿Otra vez con el reloj de la abuela?! (Levanta el reloj del suelo) ¡Te dije mil veces que no lo toques! Un día se te va a caer a la calle.

TOMASITO

Es el único reloj que tiene segundero, ¿cómo controlo el tiempo de los partidos sin el reloj de la abuela?

LA MADRE

Vos y ese jueguito me van a volver loca. ¡La vocecita esa!

TOMASITO

¡Mirá má, un 107! ¡Un 107! (Retoma la vocecita)¡Gooooooooooooooooool, ahora sí que sí! ¡Gooooooooooooooooool de Merced…!

LA MADRE

Basta, ¡metete adentro te digo! Que es el único día que la gente tiene para descansar…

TOMASITO

(Interrumpe el relato y la vocecita) ¿Ah, sí? ¿Y los colectiveros? ¿Quién piensa en los colectiveros? Ese que manejaba el 107 que pasó recién estaba trabajando y es domingo…

LA MADRE

(Levanta del brazo a Tomasito, quien manotea el cuaderno, como protegiéndolo. La madre se lleva al niño y lo mete al interior del departamento) Shhhhh… Que vas a despertar a tu padre…

 

ESCENA SEXTA – TOMASITO

 

El niño viste un viejo traje militar. Está solo en el balcón, perdido en su juego habitual. Cuaderno abierto, a un costado el viejo reloj despertador, lápiz en mano… Hace la vocecita del relato radial que, de súbito, interrumpe. Se pone de pie y toma un tono declamatorio. Le habla a una multitud imaginaria desde el balcón de su casa. Debajo, su propia Plaza de Mayo.

TOMASITO

¡Amigos…! ¡Amigas! Compañeros de mi vida… (Pausa) Esta vez los llamé para decirles que no tenemos que trabajar los domingos… De ahora en más los colectivos, los domingos, los manejarán robots. Robots hechos igualitos a mí… Perfectos. Para que no digan que nosotros, los generales de la patriaaaaaaa, nos la pasamos mandando y no trabajamos… (Pausa) ¡Queda totalmente prohibido dormir la siesta! Si no trabajan, ¡hagan algo! Juguemos a la pelota, ¡al campeonato de coches! ¡Pero hagamos algo, por favor! ¿O para qué les doy el domingo? ¿Para que no dejen jugar a sus criaturas porque se despiertan los vecinos? Si van a dormir… Si van a dormir, ¡yo digo que no! Porque para eso los mando a trabajar, ¡para no dormir! Porque si veo que se van a dormir, ¡los mando a trabajar! Este es un país que tiene todo porque me tiene a mí, el General Perón… El que todo lo puede, ¡el que se cura de lo ustedes no pueden curarse! (De súbito, abandona el tono declamatorio y, por unos instantes, vuelve al tono vocecita para simular la ovación de una multitud) ¡Eeeeeeeeeeeh… Eeeeeeeeeeeh…! ¡Péeeee-rón, Péeeee-rón, Péeeee-rón! (Carraspea y retoma el tono discursivo) Durante el último campeonato de coches no hubo mejor equipo que Mercedes Benz, ¡un ejemplo de organización y disciplina! Por eso, agradezcan que no los haga trabajar los domingos, día de los partidos. Para los domingos fabriqué los robots, ¡para que ustedes no tengan que salir a manejar el 107! Pero no duerman la siesta, ¡por favor! Dejen que cada uno haga lo que quiera porque los domingos… (Hace una breve ovación con la vocecita)¡Los domingos no pueden trabajar los médicos! ¡Está prohibido! (Hace una ovación más extensa) Y desde hoy, ¡todos los días son domingo! (Ovación prolongada, la multitud no para de vivar el nombre de Perón; luego se hace un silencio hasta que retoma el tono declamatorio) Y si necesitan un médico… Si necesitan un médico les mando a mis robots, ¡que no fallan porque tienen colectivo propio y nunca llegan tarde! Si me hacen caso y no duermen la siesta, serán atendidos por mis robots ante cualquier emergencia… (Ovación) Y por favor… (Ovación) Por favor… Lávense las patas antes de dormir los sábados a la noche. Yo sé que no es fácil, sobre todo si hace frío… ¡Sé que el burlete está despegado y entra chiflete! (Ovación estruendosa, viva a Perón prolongadamente) Aunque sea, se pasan un trapito mojado con agua tibia y un poquito de jabón, para que se me limpien la mugre de las rodillas, de los tobillos… ¡No quiero que a mis robots les dé asco por tener que revisar a un patasucias! (Hace la ovación una vez más, viva a Perón muchas veces) Así que el sábado a la noche, trapito. Y el domingo a esperar al Dr. Perón, ¡levantados todo el día! (Ovación) Gracias… Gracias mis amigos, gracias mis amigas… Hasta la próxima, que espero no sea muy pronto porque quiero que se porten bien… Gracias, ¡gracias! (Se retira del balcón haciendo la ovación con la vocecita) ¡Eeeeeeeeeeeh… Eeeeeeeeeeeh…! ¡Péeeee-rón, Péeeee-rón, Péeeee-rón!

ESCENA SÉPTIMA – TOMÁS Y TOMASITO

 

Tomasito juega a las figuritas. Tomás, con el mismo traje militar de la escena primera, mira al horizonte. Están en el balcón de la casa.

TOMASITO

¿Me alcanzás la figurita de Luque, porfa?

TOMÁS

(Baja su mirada al suelo para buscar la figurita; agarra una) ¿Esta? Pausa. ¿Sos de River?

TOMASITO

No soy de ninguno.

TOMÁS

¿Te gusta el fútbol o no?

TOMASITO

Sí, ¡más bien!

TOMÁS

¿Y desde cuándo te puede gustar el fútbol sin ser hincha de ningún cuadro?

TOMASITO

Ay ay ay… ¿Me viste cara de tonto?

TOMÁS

Para nada. Más bien tenés pinta de atorrante. Decime de qué cuadro sos, no me voy a enojar. Yo soy de San Lorenzo.

TOMASITO

Yo de ninguno.

TOMÁS

¡Decime! Te juro que no te voy a cargar, ni aunque seas de Huracán.

TOMASITO

¿Vos no jugás a las fichus?

TOMÁS

(Tomás agarra algunas figuritas y comienzan a jugar) Tenés cara de bostero… ¡Sos de Boca!

TOMASITO

Sos de San Lorenzo… ¿Y qué ganás? A la larga o a la corta San Lorenzo va a perder y te ponés triste. Pausa. Y eso es para siempre, no pensás nada más.

TOMÁS

Es verdad que ganamos poco, ¡pero no seas tan amargo! No serás de River, ¿no?

TOMASITO

¡Te dije que no soy de ninguno! ¿Qué hablo, en chino?

TOMÁS

Más bien parece castellano. Argentino.

TOMASITO

Yo no soy de ningún cuadro para no amargarme. Pausa. Soy del que gana. Juego a ser del que gana, así me pongo siempre contento con el fútbol, ¿entendés? Hasta juntar fichus se me hace más lindo; cualquiera que venga en el paquete, sea del cuadro que sea, sea la de un tronco o la de uno bueno, me pongo contento.

TOMÁS

¿Y los amigos? ¿No te dicen que sos un vendido?

TOMASITO

A mis amigos los imagino como quiero. Los hago cambiar de cuadro todo el tiempo también.

TOMÁS

No hablo de amigos imaginarios, hablo de los de verdad. ¿No te cargan?

TOMASITO

¿Amigos de verdad? ¿Amigos de mentira? Todas mis cosas son de verdad.

TOMÁS

A mí no me engañás. ¿Te pensás que nací ayer?

TOMASITO

(Lo mira por primera vez) Y… Ayer no. Tenés pinta de viejito…

TOMÁS

Pará la mano, tampoco soy un jovato.

TOMASITO

¿Sabés qué? Soy del mismo cuadro que vos. Somos de Platense. (Le da una figurita a Tomás) Te toca a vos. Y no estires tanto el brazo que los tenés muy largos, mulero.

 

 

ESCENA OCTAVA – EL PADRE Y LA MADRE

 

 

Comedor de la casa. Desayuno. La madre viste un deshabille viejo y gastado.

EL PADRE

¿Todavía no trajo el diario este pelotudo?

LA MADRE

Hasta las diez nunca lo trae…

EL PADRE

Estoy podrido de decirle que lo quiero acá antes de irme, sabe bien que a las ocho ya no estoy. Me ve pasar por la esquina, todos los días.

LA MADRE

Cuando pasás por la esquina parás un segundo, le pedís el diario y te lo llevás.

EL PADRE

Voy a hablar con el padre del tarado ese. Treinta años trabajó como un negro. A las cinco de la mañana, en invierno, el puesto ya estaba abierto. Siempre. Jamás dejó de llevarle el diario a nadie. Hasta que lo hizo laburar al vago este. Abre cuando quiere y cierra antes de la una. No entrega un solo diario a tiempo y cuando te ve pasar, se hace el canchero. Le pegaría un sopapo que le daría vuelta la cara…

LA MADRE

Agarrá el diario vos mismo, cuando te vas a trabajar; y decile que no lo traiga más. Yo ni lo miro y queda todo el día acá, al divino botón. Pausa. Llegás a la noche y en vez de mirar el noticiero te ponés a leer el diario, que ya es viejo. O peor, lo leés al otro día. No sé para qué está la radio.

EL PADRE

La radio la ponés vos. Yo esa radio no la escucho. Aparte, en el auto estoy todo el día con la radio prendida, ya me pudren las vocecitas esas. Por mí, ni la enciendas.

LA MADRE

Tomá el café que se enfría…

EL PADRE

Está que pela. Otra vez dejaste hervir el agua. Café quemado. Y dos criollitas, todo lo que me das antes de salir. Pausa. Después te quejás si te digo que paré a media mañana para desayunar…

LA MADRE

Si hago tostadas, decís que están quemadas. Nada te viene bien. Te levantás con ese humor de perros.

EL PADRE

Ah, porque vos sos un capullo. Pausa. A los vagos de tus hijos todo: facturas y manteca. ¡Margarina no! A ver si les da acidez. Mermelada, dulce de leche, té o mate cocido. Menú abierto para los críos. Para el burro, agua sucia y galletitas de agua.

LA MADRE

¿Cuándo vas a hablarle bien al chiquito?

EL PADRE

(La mira) ¿Cómo cuándo voy a hablarle bien? Pausa. ¿No le hablo acaso?

LA MADRE

Le gruñís.

EL PADRE

El mudo quiere conversación…

LA MADRE

Ese mudo es tu hijo.

EL PADRE

Dicen las malas lenguas.

LA MADRE

Linda lengua la tuya.

EL PADRE

Al menos no soy como vos, que los volvés locos. A los dos. Cualquier cosa que les digo, vos me hacés la contra. ¿Cómo van a hacer las cosas bien si no hay quien los mande? Les llenás la cabeza en contra mío cada vez que no estoy, los apañás. ¿Qué querés que haga yo entonces? Encima me acusás de malos tratos. Qué podría decir yo… Pausa. Los mantengo a todos y me tienen como a un preso.

LA MADRE

Tenés que ir al colegio, a la reunión de padres. Avelino me dijo que tenés que ir, está cansado de que carguen a su hermano.

EL PADRE

¿Y yo qué tengo que ver?

LA MADRE

Si hablaras con él, te enterarías.

EL PADRE

No te hagas la misteriosa y contame. Qué problema tiene el maricón ese ahora. Pausa. Vos sos la que lo está arruinando, igual que arruinaste al otro. Era un fenómeno. Pero desde que me apartaste y empezaste a tomar las decisiones vos, va de mal en peor. Si no agarro el volante yo…

LA MADRE

No cambies de tema. Andá a la reunión de padres. Tanto que lo alababas, que era una luz, un bocho. Pero no querés ir a una simple reunión de padres para dar la cara.

EL PADRE

No me gusta perder el tiempo. ¿Te parece que puedo tener ganas de parar de trabajar para ir ahí y escuchar pelotudeces? Pausa. Reunión de padres… En mi época no existía nada de eso y todo andaba derechito. Noveleros… Pagamos la cooperadora, ya está. Qué más quieren.

LA MADRE

¿Querés un mate?

EL PADRE

(La mira) ¿Mate a esta hora? Ni bien me levanto lo único que tolero es el café. O todavía no sabés.

Silencio.

LA MADRE

Es el miércoles, once y media. Así que podés volverte al mediodía con Avelino. Preparo una milanesas.

EL PADRE

Un dulce al perro que hizo la gracia. (Sale de escena. Grita a la distancia) ¿Otra vez un sifón vacío en la heladera? ¿Quién es el pelotudo que enfría envases?

LA MADRE

(Sola en la escena) Qué manía la de guardar cosas que ya no nos sirven.

EL PADRE

(Su voz, a la distancia) Ni un vaso de soda fría después del café se puede tomar. Café… Mirá que soy generoso…

LA MADRE

(Sola en la escena) Conservamos hasta lo que no sabemos qué es.

EL PADRE

(Retorna a escena) Pará de murmurar y andá a vestirte, ¿o pensás quedarte así toda la vida?

LA MADRE

Nunca escuchás. Pausa. Es como guardar plata y después no tener qué comprar. Todos los negocios del mundo cierran cuando nos disponemos a gastar eso que guardamos. (Silencio. Se miran) Guardamos por miedo. Guardamos el miedo, en esos cajones que no abrimos nunca, los de abajo de todo. Una ya no tiene ganas de arrodillarse y buscar. Nos arrastramos toda la vida pero arrodillarse para ver qué hay, ¡jamás! Guardamos ahí lo que no queremos ver. Lo conservamos, no hay coraje suficiente para tirar. Te da una estúpida sensación de seguridad saber que todavía está ahí. Por si acaso. Hablamos con los muertos, los consultamos, les pedimos cosas. Esperamos una respuesta. ¡Y la escuchamos! ¡Nos hablan los trapos viejos!

EL PADRE

Escuchame, trastornada. Si querés decirme algo no des más vueltas, hablá claro. Por esto pasa lo que pasa con esos dos. Que reunión de padres, que los cargan, que no quiere salir a la calle, que tengo miedo. Pausa. Vos les metés esas ideas raras en la cabeza. Van a terminar mal de tanto teleteatro. Vos seguí, dale… Contradecime, llenales la cabeza de basura… Ya vas a ver cómo termina. Después no vengas a decir nada. No tengo nada que ver con lo que pase.

LA MADRE

(Desencajada) ¡Andate de una vez que no aguanto más! Pausa.Recogé tu bendito diario y andate por ahí que ya me torturaste bastante.

EL PADRE

No te preocupes que Camps ya se va… Pausa. Andá a cobijar a esos maricones, en especial a tu protegido… ¡Y el diario no lo busco un carajo! O te pensás que me voy a pasear, que ahora voy y paro en Palermo a descansar. Si querés manejo leyendo, prendo la radio, canto un tango, entretengo al pasajero, gano la moneda, todo junto… Si hago bien las monerías, por ahí hay un poco de vino en la cena. Común, eh. Porque para la basura de la Coca Cola puede haber, pero para un vino más o menos… No vaya a ser que el burro reciba  lo que para el burro no es.

Silencio.

LA MADRE

¿Qué le digo a Avelino? ¿Vas o no a la reunión de padres?

EL PADRE

No voy un carajo. Es de padres y/o madres, así que puede ir el padre y/o la madre. La madre tiene más tiempo que el padre. Va la madre. Y que se dejen de joder.

LA MADRE

Está bien. Que le sigan diciendo que el Padre es el padre entonces…

EL PADRE

¿Qué querés que digan? ¿Que el padre es la madre?

LA MADRE

El Padre Vicente…

EL PADRE

(La interrumpe) No me hables del chupa-cirio ese. Va a ese colegio por capricho tuyo. Si te sale mal no me hago cargo. No llores la carta cuando sea tarde.

LA MADRE

Lo cargan. Es al único que no se le conoce el padre. Le dicen que es hijo del cura. ¿Me oís?

EL PADRE

(Suelta una carcajada) ¿Algo más?

LA MADRE

Quiero que vayas a la reunión así el chico se queda tranquilo.

EL PADRE

(Endurece el gesto) Te hablo de lo otro.

LA MADRE

No hay otro.

EL PADRE

Degenerado. Pausa. Por ahí es verdad. Insistís tanto para que vaya a ese colegio de mierda…

LA MADRE

No digas más pavadas, querés. Pausa. ¿Me hacés el favor o no?

EL PADRE

¿Reunión de maridos no hay? Por ahí te están cargando a vos también: “¡ahí va la madre del hijo del cura!”

LA MADRE

Bajá la voz que vas a despertar al chico.

EL PADRE

¿Cómo que se va a despertar? ¿Faltó otra vez?

LA MADRE

Ayer se pasó la tarde llorando, por la inyección. Le prometí que si paraba de llorar no lo mandaba al colegio.

EL PADRE

¿Ves cómo sos? ¿Te das cuenta del mal que hacés?

LA MADRE

Querer que tu hijo pare de llorar no es hacer mal.

EL PADRE

Sí es.

LA MADRE

¿Sí? ¿Qué clase de padre quiere ver sufrir a sus hijos?

EL PADRE

Sufren por culpa tuya. ¡Dejalos llorar! ¿Te acordás lo que dijo el pediatra aquel cuando nació el primero? “Si llora, déjenlo llorar hasta que se canse. Se va a agotar, se va a quedar dormido y de paso se le agrandan los pulmones.”

LA MADRE

Animales como vos esos médicos.

EL PADRE

¿Sí? (La mira fijo) El animal se cansó. No aguanta más que le digan todo el tiempo que todo lo que hace está mal. Me harté de escuchar que le hago mal a tus hijos. Todos los días, me voy a trabajar amargado para volver a la noche y amargarme un poco más antes de ir a dormir. Sí: ¡dormir! Porque otra cosa no puede hacerse en la cama a esta altura. Tiempo de mentiras. Tenés más excusas que tus hijos llanto, en especial el mocoso.

LA MADRE

Si te parece que no tiene motivos para llorar…

EL PADRE

Vos le hacés sentir que tiene mil motivos. En eso sí que sos buena.

LA MADRE

Y de lo otro, no sé por qué te quejás. ¿Qué querés, que tenga otro lloroncito? Porque a la hora de la calentura no te fijás en nada, vas y hacés como bestia. Ningún recaudo es suficiente con animales como vos. (Silencio, se miran) ¿Querés? ¿Otro lloroncito? Dale, dale que ahora me calenté yo, la que no sirve para nada. ¿Te caliento como antes? ¿O ya no? ¿Estás acabado, gran macho? A ver, dale… Cogeme bien cogida, ¡dale! ¿O es que hay otra puta por ahí? ¿Es eso? ¿Dónde? ¿Flores, Floresta? Es eso lo que te calienta, ¿no? ¿Querés una puta? Descargá, descargá toda esa mierda conmigo de una buena vez, ¡dale!

De súbito la tensión se desató en un intercambio sexual áspero; pierden el aliento arriba de la mesa; en medio del acto ella intenta que el mismo sea lo más silencioso posible. El asunto tiene la virulencia de lo breve. Se acaba abruptamente, tal como hubo comenzado. El padre se acomoda la ropa, ajusta el cinturón, se dispone a partir.

EL PADRE

Chau.

LA MADRE

(Chista y habla tenuemente, para no hacer ruido) ¡Psssssst, ey! ¿Vas a la reunión entonces?

EL PADRE

(Fuera de escena) No.

 

 

ESCENA NOVENA – TOMÁS Y TOMASITO

 

 

Al igual que en la escena séptima, balcón de la casa. Ambos sentados en el suelo frente a la baranda, mirando hacia la calle. Tomás en su traje militar.

TOMASITO

Bien Vélez, eh.

TOMÁS

¿Vélez? ¿Te hizo mal el sol?

TOMASITO

Acá no llega el sol. Hace mucho que no lo veo.

TOMÁS

Dicen que no está más. Que se lo imaginó otro y se fue sin avisar.

TOMASITO

Mamá dice que el sol me hace bien. Pero tengo que usar anteojos cuando salgo a la calle. Me hace bien pero no me lo dejan ver.

TOMÁS

(Se ríe) Así que chicato… ¡Pero con los anteojos ves mejor!

TOMASITO

No, no… Son de esos anteojos que no te dejan ver nada, los oscuros. Cuando los usás se hace como de noche. Las cosas se ponen triste. Se llaman anteojos de sol.

TOMÁS

Todas las cosas se ponen de noche. Se pone el sol, se pone triste… Cuanto más ves y menos mirás, más triste te ponés.

TOMASITO

Mamá se pone triste. Si la mirás fijo a los ojos y te ponés serio, sus ojos se ponen re-claritos y se ve mucha tristeza.

TOMÁS

Los ojos de tu mamá deben ser como los de la mía entonces. Cuando era chiquito y la miraba, tan claros se le ponían que parecían espejos.

TOMASITO

¿Cómo es tu mamá?

TOMÁS

(La mirada perdida en la lejanía) Medio bajita, pelo corto. Parece cansada y triste casi todo el tiempo. Como cuando se termina un cumpleaños.

TOMASITO

Una vez fui al cumple de un amigo de jardín. Hace muuuuuuuuuucho muuuuuuuuuuucho. Cuando terminó, nos dieron caramelos en una bolsita así de chiquitita.

TOMÁS

Cuando termina el cumple, todos se van tristes. Sin embargo la tristeza también se queda en la casa. Como que no se la llevan toda. (Silencio. Siempre con la mirada perdida en el horizonte) Una vez me festejaron el cumpleaños. Cuando la gente se va, al final, sentís que todo se terminó, y que no vuelve más. Como si algo hubiese quedado sin hacer. Sentís que algo más debió haber sucedido, pero no. Porque hay algo que nunca ocurre. Silencio. Si la veo a mamá ahora, está limpiando la casa después de la fiesta, una vez que se fue toda la gente. Siente que hubiese sido mejor no haberla hecho, de haber sabido que todo terminaría así.

TOMASITO

(Mira a Tomás, lo conforta tomándole el hombro) No te pongas triste, amigo. Silencio. ¿Puedo hacerte una pregunta?

TOMÁS

(Sale del trance y mira a Tomasito) Para qué están los amigos si no.

TOMASITO

¿Qué hacés cuando no te podés dormir? (Silencio. Se miran a los ojos) No me gusta ir a dormir. Pero me obligan y me meto en la cama. No duermo. Es feo. Aburrido. Mamá me dijo que cuente ovejitas. Yo las imagino y empiezo a contarlas. Pero me pierdo, me pongo nervioso y no me puedo dormir. ¿Cuándo nos quedamos dormidos? ¿Al llegar a cien? Porque a los treinta o cuarenta me pierdo y vuelvo a empezar. Nunca llego a cien.

TOMÁS

Yo también conté ovejitas. Pero un día mamá dijo que también podía contar ratones, gatitos, cualquier cosa. Entonces, como todo daba lo mismo, empecé a contar. Nada más. Números. Es como que si decís un número detrás del otro, dejás de pensar y podés quedarte dormido, ¿entendés? Ovejas, perros, números… Qué importa. La cuestión es distraerse y quedarse dormido de puro cansancio. (Sielncio. Vuelve a perder la vista en la lejanía)Después me enseñaron a rezar, el padrenuestro. (Silencio)Muchas veces no me dormía aunque rezara toda la noche. Pero me acostumbré y seguí haciéndolo. Empecé a pedir cosas (Sale de la abstracción, mira a Tomasito y le sonríe con amplitud y complicidad) Pedía que ganara San Lorenzo.

TOMASITO

(Cómplice) ¡Qué gilastrún! ¡Si vos sos de Lanús! ¡Tenías que pedir que gane Lanús!

TOMÁS

(Ambos se ríen) ¡Cierto, de Lanús! No ganábamos casi nunca pero cuando rezaba sentía que había hecho los deberes, ¿entendés? Si perdíamos no sentía culpa, ¡yo había rezado!

TOMASITO

Mamá dice que si hago los deberes es un milagro (Ríen. Pausa)¿Seguís rezando?

TOMÁS

Ya casi no… A veces me siento tan mal por no poder dormir que hago cualquier cosa para distraerme, entonces… Pausa. Igual sigo pensando. En eso… Siempre pienso en lo mismo, esa otra cosa de la que debería pensar.

TOMASITO

(Lo mira y vuelve a agarrarlo del hombro) ¿Sabés una cosa? Pausa.¡No entiendo nada! (Se ríen) Mamá dice que ya voy a entender, cuando sea grande… (Se ríen)

TOMÁS

¿Eso te dice? ¡Ahora entiendo! (Se ríen a carcajadas)

TOMASITO

¿Querés un Sugus? Son de ananá.

TOMÁS

(Agarra el caramelo y entra en un nuevo trance, se pierde en un juego íntimo, comienza a hablar casi sin abrir la boca como un mal ventrílocuo) Ananaaaase… Ananananasssseeee… Ananananananassssseeeeee. Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee…

TOMASITO

(Puro entusiasmo) ¿Qué es eso? ¡¡¡Está buenísimo!!!

TOMÁS

Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee…

TOMASITO y TOMÁS

(En un feliz unísono de complicidad) Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… (Risas, carcajadas) Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee…

TOMÁS

(En un alto de plena felicidad) Así le decía a mi viejo y a mi vieja cuando era chico, tratando de no mover la boca. ¡Se ponían locos! ¡Me decían de todo! Que era un tarado que hablaba solo.

TOMASITO

A mí me dicen lo mismo cuando juego, que hablo solo. ¡Pero nunca hablo solo! (Lo mira a Tomás) ¿Hablo solo?

TOMÁS

¡Conmigo! ¿Hablo solo?

TOMASITO

¡Conmigo, amigo! (Vuelven las carcajadas irresistibles y el habla de falsos ventrílocuos) Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee…

(Risas y más risas, hasta que logran pausarlas en medio de jadeos)

TOMÁS

Nadie habla solo. Ni cuando rezás números para quedarte dormido. Siempre hablás con alguien, ¡pero eso lo sabe solamente uno!

TOMASITO

(Con súbita seriedad) Amigo, amigo… Quiero decirte algo importante. Escuchame bien…

TOMÁS

(Serio) Soy dos oídos.

TOMASITO

(Modo ventrílocuo) Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee…

Carcajadas. Continúan al unísono.

TOMASITO y TOMÁS

(A boca casi cerrada y risa abierta) Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee…

 

 

ESCENA DÉCIMA – TOMASITO Y LA MADRE

 

Comedor de la casa. Tomasito con su cuaderno de clase abierto. La madre toma mate y supervisa.

LA MADRE

No, Tomasito. Está mal otra vez. ¿Ocho por siete?

TOMASITO

¡No está mal, Ma!

LA MADRE

¿Ocho por siete?

TOMASITO

(Piensa) ¿Es lo mismo que siete por ocho?

LA MADRE

No des vueltas. Empezá en ocho por uno, dale.

TOMASITO

Ocho por uno, ocho; ocho por dos, dieciséis; ocho… ¡Ufa, Ma! ¿Para qué sirven las tablas?

LA MADRE

¿Cómo que para qué? ¿Desde cuándo hacés esas preguntas vos?

TOMASITO

Contestame, ¿para qué me sirven?

LA MADRE

No preguntes estupideces. A quién le habrás oído esas cosas que repetís como un loro.

TOMASITO

¿Para qué me tengo que aprender de memoria las tablas si un día me las voy a olvidar?

LA MADRE

¿Quién dijo que te las vas a olvidar? Las tablas se te graban para siempre.

TOMASITO

No las quiero.

LA MADRE

No importa lo que vos quieras: las tenés que aprender.

TOMASITO

No entiendo nada.

LA MADRE

Ocho por siete, cincuenta y seis. ¿Qué es lo que no entendés? Es ocho veces siete. Agregale siete al siete hasta sumar ocho sietes y vas a ver.

TOMASITO

No entiendo…

LA MADRE

Qué vas a entender si vivís en la luna.

TOMASITO

¿Adónde van las cosas que estudiamos? Porque a algún lado se tienen que ir cuando nos olvidamos. Un día se van, desaparecen.

LA MADRE

Nadie desaparece. ¿Qué pavada estás diciendo?

TOMASITO

La abuela no se acuerda de las tablas, me dijo que es como si nunca las hubiese sabido.

LA MADRE

Setenta y ocho años tiene tu abuela, los viejos se olvidan las cosas. Ya no son chicos.

TOMASITO

¡Pero por qué! (Pausa. Pasa del fastidio a la curiosidad) Cuando te hacés grande, ¿adónde te vas?

LA MADRE

A trabajar.

TOMASITO

¡No! Digo… Adónde se va el chico.  Cuando yo sea grande, ¿ya no voy a ser yo? ¿No voy a estar más?

LA MADRE

Hasta los veintiuno no te podés ir de casa porque sos menor, así que te quedás acá y hacés los deberes.  Pausa. Mirá que sos cansador…

Silencio. Tomasito pierde la vista en su cuaderno.

TOMASITO

¿Vos te acordás de cuando eras chica?

LA MADRE

Algunas veces.

TOMASITO

Cuando te acordás, ¿te ves como si fuera una peli de la tele, de esas donde hay chicos, como la de Toscanito y los pitucos?

LA MADRE

Cuando yo era chica no había tele.

TOMASITO

Una vez vi una foto tuya, me la mostró Avelino. Eras chiquitita chiquitita y estabas arriba de un burrito. Pero para mí que era otra, no eras vos.  (Pausa) O sí, capaz que eras vos, pero en una película haciendo de chiquitita.

LA MADRE

Eso era en Córdoba. Tu tía tenía una casita allá. Tu tía abuela. Siempre íbamos de vacaciones. (Abstraída en una chupada de mate) Qué hermosura…

TOMASITO

¡Eso, de vacaciones! Para mí que los chicos se van de vacaciones a algún lado. Y entonces no vuelven más porque se quedan allá a jugar. Los grandes son otras personas. ¡Era eso, era eso! ¡Vacaciones para siempre!

LA MADRE

Te dije que este año no nos vamos a poder ir. No empieces otra vez con lo mismo.

TOMASITO

Y las tablas se van también, pero a otro lado. De vacaciones no, porque las tablas son una porquería. Se van a otras escuelas, a limpiar los inodoros. Y yo me voy al campito a jugar a la pelota. (Abandona el lápiz sobre el cuaderno abierto y se va raudo, en una sonrisa amplia)

LA MADRE

(Sola) ¿Cuántas veces le dije que las sillas no se arrastran? Pausa.Campito, te voy a dar campito…

 

 

ESCENA UNDÉCIMA – TOMASITO

 

Solo en el balcón de la casa, en su traje militar y en modo declamatorio.

Amigos y amigas de mi patria… ¡Amigos de la vida! Aquí llegó su General, el General de la sabiduría… ¡El que se aprendió las tablas de todos los números y no se las olvidó nunca! (Hace la ovación de la multitud en su modo vocecita) Eeeehhhhh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! (Carraspea y retoma el discurso) Hoy… Hoy les quiero hablar de las vacaciones. Papis y mamis de mi corazón, no pueden dejar a sus hijos sin vacaciones, llenan de tristeza a la Nación, la patria que yo creé con tanta alegría y habilidad… ¡No se puede! No hagan que el General se enoje, porque si se enoja… (Pone cara de enojado) ¡Ya saben lo que pasa si me enojo! ¡Cuerpo-a-tiéeeee-rrá! (Silencio. Vuelve a un tono amable) Tienen que irse de vacaciones con los chicos, a un lugar lejos lejos. Porque después sus hijos tienen que volver y contarle a sus amiguitos adónde fueron. Y yo digo, si no van a ninguna parte: ¿de qué van a hablar los chicos en el recreo? (Breve ovación de la multitud) ¿Ustedes quieren que sus hijos se queden mudos? No sean malos padres que el General se enoja y cuando me agarra la rabia… (Vuelve a la cara de enojo) ¡Cuidadito con el General enojado! Ahí vengo, ¡escuchen mis pasos! ¡Me estoy enojando! Bueno, bueno… (vuelve al tono amable con una sonrisa) Está bien, ya estoy contento de nuevo… (Larga ovación en modo vocecita)Eeeehhhhh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! ¡Péee-rón, Péee-rón…! ¡Péee-rón, Péee-rón…! Eeeehhhhh… (Carraspea y vuelve al discurso) Quiero vacaciones para todos. Bien largas, bien lejos. Nada de ir a la casa de los primos acá a la vuelta, nada de ir al campito que esas no son vacaciones… El campito está vacío, la mitad de los chicos se fueron y no se puede armar partido…  ¡Unos tiritos al arco no son vacaciones! ¡De vacas nos vamos todos, si no no vale! ¡Y si es a la playa, mucho mejor! (Ovación en modo vocecita) Eeeehhhhh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! (Vuelta al discurso) Si me hacen caso y se portan bien, el General los va a ayudar con las tablas… Para que no se las olviden. Porque si se las olvidan y no llevan a sus hijos a veranear, ¡ellos se van a ir de vacaciones solos y no van a volver más! Entonces sus hijos se van a hacer grandes y aburridos y no van a saber jugar. ¡Lo único que van a guardar en un cajón son fotitos de nenes y nenas arriba de un burrito en un campito de fútbol vacío! (Ovación modo vocecita) Eeeehhhhh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! ¡Péee-rón, Péee-rón…! ¡Péee-rón, Péee-rón…! Eeeehhhhh… (Vuelta al discurso) Gracias… Gracias amigos y amigas de mi patria. ¡Gracias! ¡Los quiero mucho mucho! (Se retira del balcón haciendo la ovación en modo voecita) Eeeehhhhh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! Eeeehhhhh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! Eeeehhhhh…

 

ESCENA DECIMOSEGUNDA – TOMASITO Y LA MADRE

 

Comedor de la casa. Tomasito con su cuaderno de clase abierto. La Madre ordena papeles.

TOMASITO

¿No puedo ir con vos? Te prometo que a la vuelta termino la tarea, toda toda.

LA MADRE

No. Después estás el domingo a la noche haciendo deberes a las apuradas.

TOMASITO

¿Vas a Monroe?

LA MADRE

Ya te dije. No te hagas el pavo.

TOMASITO

¿Y a la iglesia no vas?

LA MADRE

Hoy no es domingo. Dejá de preguntar lo que ya sabés.

TOMASITO

¿No te gusta hablar?

LA MADRE

Al divino botón, no.

TOMASITO

¿El divino botón es un santo?

LA MADRE

Sí, el santo del ojal…

Silencio.

TOMASITO

Máaaa… (Pausa) Cuando entrás a la iglesia, ¿por qué siempre le das un beso al pedacito de mármol ese?

LA MADRE

¿De qué hablás?

TOMASITO

Ese cuadradito gris donde está parada la señora con capa.

LA MADRE

No beso un pedacito de mármol: son los pies de la virgen.

TOMASITO

¿Y por qué le das un beso?

LA MADRE

Para agradecerle lo que tengo y pedirle lo que quiero.

TOMASITO

¿Y qué tenés?

LA MADRE

A vos te tengo… ¡A vos!

TOMASITO

¿Y qué le pedís?

LA MADRE

Que te dejes de escorchar.

TOMASITO

En serio, ¿qué le pedís?

LA MADRE

Que a tu padre no le falte el trabajo.

TOMASITO

Ah, qué viva… ¿Y qué sabés si papá quiere eso?

LA MADRE

¿No sabés los problemas que hay? ¿No te mostré en el noticiero a toda esa gente que pide trabajo?

TOMASITO

Pero eso era en la tele. La tele es de mentira.

LA MADRE

Ah, sí. Mirá vos…

TOMASITO

¿Y por qué querés que papá tenga trabajo?

LA MADRE

Para que no tenga que salir a la calle con toda esa gente pidiendo uno.

TOMASITO

¿Y para qué quieren un trabajo?

LA MADRE

(Con fastidio creciente) Para tener plata y comprar comida, para que sus hijos vayan a la escuela ¡y para que pregunten menos!

Silencio.

TOMASITO

¿Entonces si le das un beso a la virgen de mármol ella te da lo que le pedís?

LA MADRE

Si tenés fe y te portás bien, sí.

TOMASITO

¿Y por qué no le pedís plata en vez de trabajo, así no tenés que salir a la calle con toda esa gente que pide trabajo?

LA MADRE

Me estás cansando…

TOMASITO

Yo no voy a trabajar, nunca.

LA MADRE

¿No? ¿Y cómo vas a hacer para vivir?

TOMASITO

¿Qué, hay que trabajar para vivir?

LA MADRE

Y, de algo hay que vivir.

TOMASITO

Yo pensé que ya vivíamos, antes de trabajar.

LA MADRE

Cuando sos chico, no trabajás. Salvo los pobrecitos que tienen que salir a trabajar de chiquitos y ni siquiera pueden estudiar.

TOMASITO

¿Si voy a trabajar no voy al colegio? (Pausa. La madre suspira cansancio. Repentino entusiasmo de Tomasito) ¡Máaaaaaa!  No quiero ir más al cole. ¡Quiero trabajar!

LA MADRE

¿Ah, sí? ¿No era que no ibas a trabajar nunca?

TOMASITO

¡Ja! ¿Y si no trabajo, cómo vivo?

LA MADRE

Como hasta ahora.

TOMASITO

Ah… ¡Entonces se puede vivir sin trabajar!

LA MADRE

(Cansada del juego) Linyera. Hacete linyera.

TOMASITO

Mirá si me voy a hacer linyera, mamá. ¡No puedo! ¡Soy un nene!

LA MADRE

Que si sigue pensando así va a terminar de linyera, pidiendo para comer en cualquier esquina.

TOMASITO

A mí me gusta Monroe y Naón.

LA MADRE

Está bien… Ahora te separo unos trapos así te vas preparando. ¿Querés que te acompañe o vas solito?

TOMASITO

Mejor acompañame y vamos al mercadito.

LA MADRE

Mirá que tengo que ir a la farmacia también, y ahí se tarda mucho. Después no empieces con que estás cansado.

TOMASITO

Si estoy cansado, me aguanto. Vas a ver. (Silencio) Máaaa… (Pausa) ¿Puedo tomar la leche antes de ir?

LA MADRE

Andá, lavate las manos.

Tomasito sale de escena para ir al baño. Luego sale la madre, hacia la cocina. La escena en el comedor queda vacía de personas. Tras unos instantes se oyen unos golpes, es La Madre tocando a la puerta del baño. Se oyen las voces.

LA MADRE

¿Todavía estás ahí adentro? (Golpes en la puerta) ¿Tomasito?

TOMASITO

¡Ya va!

LA MADRE

¿Cuántas veces te tengo que decir que la puerta del baño no se cierra con llave?

TOMASITO

¿Para qué está la llave entonces?

LA MADRE

¡Para los grandes! (Golpes a la puerta) ¡Tomasito, salí! (Se oyen ruidos de cosas que caen al suelo dentro del baño) ¡Abrí la puerta!

TOMASITO

(Más ruidos) ¡Ya estoy, ya estoy!

LA MADRE

(Sacudiendo la puerta) ¡Abrí te digo!

Tomasito sale del baño y reaparece, junto a la madre, en el comedor.

LA MADRE

Te voy a dar, encerrándote en el baño…

TOMASITO

Uh, tanto lío por eso…

LA MADRE

Mirá que me das trabajo, eh…

TOMASITO

(Con subrepticia satisfacción y una sonrisa Gardeliana) ¿Viste qué bueno soy? Tan chiquito y te doy trabajo. Soy el Peroncito de la casa…

LA MADRE

Seguí, seguí con eso de Perón. Me gustaría saber quién te llena la cabeza de estupideces. ¡Perón no existe!

TOMASITO

(Jugando, en modo vocecita) Eeehhhhh… Eeehhhhh… ¡Péee-rón, Pée-rón! Amigos y amigas de mi Patria…

LA MADRE

Qué sabrás de Patria vos.

TOMASITO

(Abandonando el juego, se dirige a su madre) Canto Aurora todas las mañanas, cuando izan la bandera. Y pienso en Perón.

LA MADRE

¿Y encerrado en el baño? ¿Ahí también pensás en Perón?

TOMASITO

Para pensar en Perón hay que estar en lugares grandes, sin techo.

LA MADRE

(Con desprecio) Lugares grandes… Gran hijo de puta ese…

Silencio.

TOMASITO

¿Me compraste el jarabe? Me pica y no puedo dormir.

LA MADRE

Ahora vamos a la farmacia. (Pausa) Si te pasás el tiempo pensando en que te va a picar, te pica. Vos llamás a las cosas.

TOMASITO

Sin el jarabe me pica seguro.

LA MADRE

Acordate de lo que te dijo el médico… (dándose pequeños golpes en la sien) Es todo de acá.

TOMASITO

¡No puedo dejar de pensar, me pica!

LA MADRE

Esas mangas largas que llevás puestas te hacen picar. Con el calor que hace.

TOMASITO

Tengo los brazos mal…

LA MADRE

Después no te quejes porque te pica. (Silencio) ¿Sabés cuándo no vas a tener ni una marca? (Pausa) ¿Sabés? ¿O ya te olvidaste?

TOMASITO

Se me van a ir todas las marcas cuando me olvide un poco y deje de pensar. (Silencio) Yo no me olvido de nada. (Silencio) ¿Vamos?

LA MADRE

¿No querías tomar la leche antes?

TOMASITO

Se me fueron las ganas.

LA MADRE

No se puede salir sin tomar la leche, con el estómago vacío. ¿Querés debilitarte? ¿Querés quedarte en el hospital?

TOMASITO

Pero ponele azúcar.

LA MADRE

Tenés que parar con el azúcar. Se te va a llenar el estómago de bichos.

TOMASITO

Ufa, ¡al final no se puede nada!

LA MADRE

(Le alcanza el vaso de leche) Dale, apurate. (Sale)

Tomasito agarra el vaso de leche, toma aire, se tapa la nariz y -con gesto de asco- comienza a beber.

ESCENA DECIMOTERCERA – TOMÁS Y TOMASITO

 

Balcón de la casa familiar. Tomás, en el traje militar de la escena primera, sentado en el suelo con las piernas cruzadas como los indios. Junto a él hay un vaso de leche. Entra Tomasito.

TOMASITO

¿Qué estás tomando?

TOMÁS

Vascolet.

TOMASITO

Faaaaaa… ¿Me das un traguito?

TOMÁS

(Saca de detrás suyo un segundo vaso) Tomá.

TOMASITO

Está buenísimo preparar Vascolet, el Nesquick es una porquería: se puede meter el chocolate después de la leche y eso es feo.

TOMÁS

Sos loco, eh. El Vascolet es más barato. El otro es más fácil y rico.

TOMASITO

El gusto es lo de menos.

TOMÁS

¿Para qué le ponés chocolate a la leche si el gusto es lo de menos?

TOMASITO

Escuchá, escuchá: lo divertido es prepararlo. Primero, tres o cuatro cucharaditas de Vascolet, dos de azúcar y mezclás, así se confunden los granos blancos del azúcar con el chocolate. Después viene un chorrito chiquitito chiquitito de leche, ¡qué divertida esa parte! No te tenés que equivocar porque se te puede morir el Vascolet. Si le ponés lo justo y revolvés, se forma la pastita marrón. Y ahí viene la fiesta: con la mano izquierda vas echando la leche adentro del vaso mientras con la derecha revolvés, así la pastita desaparece y no queda ninguna bolita negra. Porque las bolitas negras molestan cuando tragás. No tienen que quedar pelotitas. Después, al final de todo, te lo tomás de un trago, sin respirar, bien rápido, ¡a todo loquedad! Qué genial…

TOMÁS

(Introspectivo) A todo loquedad… (Pausa) Muy genial, pero todavía no tomaste ni un traguito del que te di.

TOMASITO

(Levemente decepcionado) Es que me lo diste preparado. (Pausa)¿Me estabas esperando?

TOMÁS

No. Yo no espero nada. Lo aprendí de chico.

TOMASITO

Vos tenés que tener ahí atrás el tarro de Vascolet, un sachet de leche, la azucarera, un vaso, una cucharita…

TOMÁS

El mío me lo preparé yo. El que te di debe ser de alguien que lo abandonó por acá.

TOMASITO

Por ahí fue un papá que se enojó con su hijo, se lo sacó y lo dejó por ahí.

TOMÁS

Los papás no le sacan la leche a sus hijos, imposible. La leche hace bien.

TOMASITO

¿Y vos qué sabés?

TOMÁS

¿Yo?

TOMASITO

Sí, vos.

TOMÁS

Nada.

TOMASITO

Ah. Entonces, decime una cosa: ¿por qué los padres tienen hijos?

TOMÁS

(Pensativo) No sé… Supongo que porque los quieren tener.

Silencio.

TOMASITO

¿Y si se arrepienten? ¿Se pueden devolver?

TOMÁS

Nadie se arrepiente de algo así.

TOMASITO

¿No? (Pausa) Quién quiere algo para toda la vida…

TOMÁS

¿Y vos qué sabés de la vida?

TOMASITO

Qué. ¿Vos te pensás que sabés más que yo porque sos casi casi un viejo amargado? ¿Nunca tuviste ganas de algo y después se te fueron? A mí se me van las ganas, aunque a veces vuelvan. (Pausa) Igual al final se terminan yendo, siempre.

TOMÁS

Entonces nunca tengas un hijo. No podés tirarlo y después volver a buscarlo cuando te vuelven las ganas. Los hijos no son cosas.

TOMASITO

Puede ser, sí… Puede ser. Aunque soy un nene y me puedo equivocar, ¿no?

TOMÁS

Y, creo que sí…

TOMASITO

Los grandes son grandes… Ellos saben bien, no se equivocan. Porque son grandes. Y sólo se puede tener hijos cuando sos grande… (Pausa) Creo que ya entiendo… Claro.

TOMÁS

Tomate el Vascolet.

TOMASITO

(Lo toma de un sorbo, sin respirar) Ahhhhh… Qué rico debe haber sido prepararlo, ¿no?

TOMÁS

Riquísimo.

TOMASITO

¿Y entonces por qué no terminaste el tuyo?

TOMÁS

No quiero más.

TOMASITO

Guardalo para después, en la heladera.

TOMÁS

¿Así, ya preparado?

TOMASITO

¡Claro! ¡Está buenísimo! Se va separando el chocolate de la leche, despacito despacito. Al final te queda una rayita negra en el fondo y arriba toda la leche bien bien blanca. Si lo querés hacer, no te sale. Sólo las heladeras pueden hacer eso. ¿Sabías?

TOMÁS

Si vos lo decís…

TOMASITO

(Agarra el vaso a medio tomar de Tomás y se lo lleva) Yo te lo guardo. (Desde fuera de escena, se escucha su voz) Igual soy un nene, eh… Y me puedo equivocar.

 

ESCENA DECIMOCUARTA – TOMÁS, MARIO Y JUANA

 

En el mismo campo desolador del a escena primera. Mario y Juana deben ser representados por los mismos actores que hacen El Padre y La Madre. No se reconocen como marido y mujer. Junto a Tomás, son como tres personas que han sido presentadas recientemente. Están sentados en un semicírculo bastante cerrado, de cara a una audiencia imaginaria (un horizonte). Están tomando mate. Juana tiene que pequeño bolso de mano apoyado en el suelo, a su derecha. Tomás viste el traje militar.

TOMÁS

Este lugar me gusta.

MARIO

A mí me resulta indiferente.

TOMÁS

Me animaría a decir que estoy feliz de estar acá.

MARIO

(Incrédulo) ¿Feliz?

JUANA

(Ceba mate) La felicidad… Una sensación de confort, de contención. Quién no desearía sentir todo eso, y conservarlo…

TOMÁS

Ojo, no me animo a enunciar tal cosa con total convencimiento ni seguridad. No siento omnipotencia como para hacerlo, ni por un instante. Tampoco sé cuánto podrá durar esta sensación, pero de momento estoy feliz.

MARIO

(Despectivo) Mariconadas…

TOMÁS

Usualmente la gente se muestra como no es. En realidad es poco común saber qué cosa es uno, de ahí que resulte difícil mostrarse como uno es. Uno nunca termina de saberse.

MARIO

¿Y el mate? Vamos que la ronda no es tan larga…

JUANA

(Pasándole un mate a Mario) Está un poquito lavado.

MARIO

(Se lo pasa a Tomás) Que sea para el joven, entonces. Necesita algo caliente en el estómago y no tomó casi nada.

TOMÁS

(Agarra el mate y agradece) Uno nunca hace las cosas sin advertirlas, sin noticiarse de uno mismo. Hay veces que siento como si fuera otro, como si estuviese observando mi propia vida mientras sucede, sobrevolando levemente lo que alguna vez fue mi propio cuerpo.

JUANA

No digas esas cosas…

TOMÁS

Jamás tomé mate amargo. Sin embargo acá estoy, tomándolo. Sintiendo que siempre lo hice cuando siempre es apenas este momento. (Pausa) De chico sólo podía tomar mate de leche, con azúcar. El que me preparaba la abuela. Me liquidaba una pava entera en diez minutos.

MARIO

Dígame, joven, ¿consume algún tipo de estupefaciente? Mucha abstracción en su volátil discurso…

TOMÁS

No me drogué nunca. Ni siquiera pité un cigarrillo en toda mi vida. Ni tabaco, digo. Ahora, lo que es consultorios médicos… A esos los recorrí todos. (A Juana) ¿Quiere que cebe yo?

MARIO

(Seco) Déjela que tiene buena mano. A ver si por un pequeño cambio, por una cortesía estúpida, arruinamos todo.

TOMÁS

Era una idea nomás, perdón…

MARIO

La yerba con palo es la verdadera yerba. Esos inventos modernos como la yerba sin palo son una aberración. Dentro de poco nos van a llenar el mate de pasto.

JUANA

A mí me gustan las yerbas saborizadas…

MARIO

¿No le digo? Saborizar lo que ya tiene sabor. Ese afán de expandirse y abarcarlo todo, ese deseo de no desaparecer.

TOMÁS

Hay un punto ahí. Mutar para no dejar de ser.

JUANA

(Saca una bolsita de su cartera) Hablando de sabores, ayer hice unas tostadas con el pan que sobró del domingo. Les puse queso de rallar y cebollita rehogada. Pero apenitas, para que queden livianas.

MARIO

Todo. liviano, todo lavado… Como los tiempos que corren.

TOMÁS

Yo tengo queso. (Lo saca de detrás suyo; a Mario) Apuesto a que usted tiene un cuchillo.

MARIO

¿Para que voy a traer un cuchillo acá?

JUANA

Para cortar el queso y acompañar las tostadas.

MARIO

Mis cuchillos son puntiagudos y están bien afilados, no se usan para pavadas.

Silencio.

TOMÁS

¿No sienten el frío?

JUANA

No. El chalcito este es bastante abrigado.

MARIO

(A Juana) ¿Usted viene de lejos?

JUANA

No. Un poco a trasmano, pero cerquita. (A Tomás) ¿Vos querido?

TOMÁS

Ya estaba acá. No vine de ningún lado.

MARIO

(Sarcástico) Me parecía a mí. Usted ni vino.

TOMÁS

(A Juana, con extrañeza) Qué dulce está el mate.

MARIO

¿Dulce? No confunda, está cebando unos amargos maravillosos.

JUANA

(Componedora) Son amargos, sí. (A Tomás) Pero enseguida te preparo unos dulces si querés, siempre llevo otro mate.

TOMÁS

No, no, no se moleste. No quiero mate dulce. Sólo dije que a mí estos mates me saben dulces, sean lo que sean.

MARIO

(Siempre confrontativo) Pero son amargos. El mate es amargo, y punto.

TOMÁS

¿Sí? Yo digo que este se siente dulce.

JUANA

(Incómoda ante cualquier tensión) No discutan por pavadas. Si a vos, querido, te sabe dulce, es dulce. Y si para el señor son amargos, que así sea.

MARIO

(Burlón) Diplomática la señora. Quiere estar bien con dios y con el diablo. Se nota que se acercan las elecciones. Parece político en campaña.

JUANA

Ni me hable de eso. ¡Todavía no sé a quién votar! (Pausa) ¿Vos, querido? ¿Ya sabés?

TOMÁS

Sé poco y nada. (Pausa) ¿A qué se refiere?

JUANA

Si sabés a quién vas a votar, en las elecciones. Es importante saber cómo votan los jóvenes.

TOMÁS

No voto. No está en mi realidad votar, ya.

MARIO

Después se quejan… No se enteran ni cómo gira el mundo.

TOMÁS

(Recogiendo el guante) El mundo gira de infinitas maneras.

MARIO

¿Ah, sí? ¿Y ahora? ¿Un ataque místico?

TOMÁS

(A Mario, desafiante) El mundo gira alrededor mío.

JUANA

(Para sí, como si fuese una mera espectadora) Mirá vos, y se lo veía tan modosito…

TOMÁS

(A Mario) ¿Acaso el mundo no gira alrededor suyo también? O mejor, dicho: ¿únicamente? (Silencio. Retoma para todos) El mundo gira alrededor de cada uno de nosotros, en simultáneo. Además, gira alrededor de cada una de las particiones de nosotros mismos que se producen a lo largo del tiempo. Las pasadas y las proyectadas.

MARIO

(A Tomás y, una vez más, desafiante) No tengo tiempo como para perderlo en divagues absurdos.

Silencio.

TOMÁS

Cuando lo noten ya no van a saber qué votar, ni siquiera se sabrá qué son las elecciones.

MARIO

(Con satisfacción y, por primera vez, con cercanía a Tomás) ¡Ahora sí que nos entendemos, tagarna! (Alzando el mate en señal de brindis) ¡Por la vuelta de la biaba!

 

 

ESCENA DECIMOQUINTA – TOMASITO Y LA MADRE

 

Comedor de la casa. Tomasito hace la tarea. La Madre, costurero abierto, cose un botón en el guardapolvo blanco de su hijo. Ambos están sentados a la mesa. Tomasito cierra su cuaderno en señal de haber finalizado los deberes escolares.

TOMASITO

(Se pone de pie) ¿Puedo salir al balcón ahora? Ya hay sol.

LA MADRE

Hace mucho frío. Te podés enfermar. Jugá acá adentro.

TOMASITO

Dale, Ma. Desde adentro no se ven los coches que pasan. (Pausa) En invierno también hay fútbol. Los jugadores se ponen mangas largas. Poneme el pulóver grueso.

LA MADRE

Dije que no, y no es no.

TOMASITO

¿Que no es no? ¡Entonces es sí, puedo salir!

LA MADRE

(Se levanta e intercepta a Tomasito -quien iba hacia el balcón- tomándolo del brazo) Vení que tenemos que ir a ver al abuelo.

TOMASITO

¡No, Má! No quiero, hace mucho frío.

LA MADRE

Para salir al balcón a jugar y torturarme con la vocecita no hace frío, pero para ir del abuelo sí. ¡Qué bien! (Tomasito bufa y patea el suelo. Pausa) A ver si te quedás un ratito charlando con él y le contás tus cosas. Parece que no lo quisieras.

TOMASITO

¿Quién dijo que no lo quiero?

LA MADRE

Si no querés visitarlo…

TOMASITO

Quiero ir. Pero cuando estoy allá me da lástima y me quiero volver.

LA MADRE

¿Lástima de tu abuelo? Una nueva… (Pausa) ¿Y por qué te da lástima?

TOMASITO

No sé… Parece que está triste… Cansado.

LA MADRE

¿Cansado, papá? Está más joven que yo.

TOMASITO

No, cansado así no. Si es el mejor jugando a las bochas, no le gana nadie. (Sonriendo y haciendo la mímica de tirar una bocha)¡No para de mover el bochín!

LA MADRE

Ojalá tuviera yo esa vitalidad. ¡Quién pudiera tener su edad!

TOMASITO

¡Todos!

LA MADRE

Sí, claro…

TOMASITO

Esa edad la tenemos todos, ¿no sabías? (Pausa) A veces me siento cansado así, como el abuelo. Y sólo quiero mirar las cosas.

LA MADRE

(Interrumpe la tarea y mira a su hijo) ¿Qué decís?

TOMASITO

Cuando estoy cansado, tengo igual de años que el abuelo. Soy el abuelo por un rato. Y miro…

LA MADRE

El abuelo no se cansa.

TOMASITO

A veces no, entonces tiene los años que tengo yo, y juega. A las bochas, a caminar treinta cuadras para ver a la abuela en Chacarita, a jugar a los soldaditos juntos tirados en el piso…

LA MADRE

¿Y desde cuándo sabés que el abuelo camina esas cuadras para ir a la Chacarita? ¿Qué sabés vos qué es la Chacarita?

TOMASITO

Una vez me llevó. (Aclarando) A babucha, casi todo el camino.

LA MADRE

¡¿Te llevó al cementerio?! No lo puedo creer…

TOMASITO

(Contento) ¡Estuvo buenísimo! Charlamos un ratito con la abuela y a la vuelta fuimos a la heladería. Me comí uno de cucurucho, ¡bañado en chocolate!

LA MADRE

(Contrariada, guardando las cosas en el costurero. Para sí) No lo puedo creer…

TOMASITO

¿Vamos del abuelo, Ma? ¡Poneme el pulóver grueso y vamos!

LA MADRE

Nos quedamos acá, hace mucho frío.

TOMASITO

¿Y el abuelo? ¡Así no lo vamos a ver nunca!

LA MADRE

No podemos. Tenemos que ir a otra parte.

TOMASITO

(Súbitamente preocupado) Me dijiste que no teníamos que ir al médico…

LA MADRE

Vamos de Doña Rosa, a que te cure el empacho.

TOMASITO

¡No, Ma! ¡El cuerito no!

LA MADRE

Tenés que sacarte ese empacho. No comés nada. Si seguís así te vas a enfermar.

TOMASITO

¡No estoy enfermo! ¡El cuerito no, que duele!

LA MADRE

Le pido que te mida.

TOMASITO

¿Para qué? Ya sé cuánto mido: uno veinticinco. Un día me medí, en lo del abuelo. ¡Vamos del abuelo, dale!

LA MADRE

No te hagas el zonzo. Doña Rosa te saca el empacho con una cuerda. Mide desde tu panza hasta ella. Te lo hizo mil veces.

TOMASITO

¿Sabés, Ma? Cuando me medí, el abuelo me vio y se enojó. Me dijo que nunca hay que medirse porque si te medís no crecés más, te quedás petiso. (Pausa) Desde ese día, me mido todo el tiempo para saber si es verdad. Y parece que sí porque mido más o menos siempre igual. Crecí una vez sola, pero fue porque me medí con los zapatos del colegio puestos. Entonces me los saqué y ya era petiso otra vez. (Pausa) ¿Y si el abuelo tiene razón? Soy un tonto, ¡por medirme me voy a quedar petiso! ¿Por qué no me lo dijiste nunca? (Silencio) Vamos del abuelo Má, porfa… Después del empacho. Seguro que él sabe cómo hay que hacer para volver a crecer.

LA MADRE

Después de curarte el empacho vamos a la cortada de atrás de las vías, a ver a un señor que cura.

TOMASITO

Curas no. No me gusta. A la iglesia no te acompaño más.

LA MADRE

(Saliendo. Tomasito queda solo) No dije curas ni iglesia. Dije un señor que cura, enfermedades.

TOMASITO

(Solo, sacando pecho y sonriendo) El único que se cura es Perón, ¡mi General! (Haciendo la ovación con la vocecita) Eeeeeeh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! Eeeeeeh… Eeeeeeh…

LA MADRE

(Regresa a escena con un pulóver y una campera. Mientras abriga a su hijo) Vamos que después se hace tarde.

TOMASITO

(Mientras La Madre le calza bien el pulóver) Ma…

Silencio.

LA MADRE

(Le acomoda el pelo) Qué.

TOMASITO

¿No vino el cartero hoy?

LA MADRE

(Incómoda y fastidiosa) Callate un poco, quedate quieto…

TOMASITO

¿Cuándo llega la carta de Avelino? Hace un montón que se fue y no me llegó ni una sola carta. ¿Estará enojado?

LA MADRE

Te dije que se fue lejos. El correo no funciona bien. Tené paciencia. (Pausa) Si preguntás todo el tiempo es peor. Dejá de pensar un poco.

Silencio. La madre termina de acomodarle el pulóver y le calza la campera.

TOMASITO

Ma…

Silencio.

LA MADRE

Qué.

TOMASITO

¿Podemos ir a ver a Perón?

LA MADRE

(Para sí, en un murmullo) Perón… (A Tomasito) Le hubieses pedido a tu abuelo, cuando te llevó a la Chacarita.

TOMASITO

Quiero ir al Cabildo y ver a Perón, Ma… ¡Llevame!

LA MADRE

(Termina de arreglar a su hijo y sale) Si te portás bien, un día vas a ir.

TOMASITO

(Solo y feliz) ¡Vieeennnnn-tóooooo! (Hace la vocecita y entra en tono declamatorio) ¡Amigos y amigas de mi Patriaaaaaaaaa…! (Ovación de la multitud) Eeeeeeh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! Eeeeeeh… Eeeeeeh… (Sale de escena)

 

ESCENA DECIMOSEXTA

NIÑO 1, NIÑO 2, TOMÁS, ENFERMERA, NIÑO 3

 

Una minimalista sala de hospital montada en la habitación de Tomasito. La cama de su hermano Avelino está donde siempre pero no tiene sábanas, sólo se ve el colchón. En el lugar de la de Tomasito hay una camilla. Fotos de Perón y Evita en las paredes. Una mesita de metal con ruedas exhibe instrumental quirúrgico, frascos, algodón. Los niños y la enfermera (quien debe ser representada por la misma actriz que hace a La Madre) tratan a Tomás como si fuese un niño más, ignorando su aspecto de persona adulta joven. Viste el traje militar que usa en todas las escenas.

NIÑO 1

¿Acá se muere la gente?

NIÑO 2

No sé, pero hay rico olor.

TOMÁS

No, acá no se mueren. Caen la vacío.

NIÑO 2

La gente se muere en la guerra, no en los hospitales.

NIÑO 1

¿Conociste a alguien que haya muerto en la guerra?

NIÑO 2

No.

TOMÁS

(Al Niño 2) Entonces nadie se muere en la guerra.

NIÑO 2

¡Mentira! En la escuela dijeron que en la guerra se matan. Por eso tiene que haber paz.

TOMÁS

Yo no conozco ninguna guerra. Y lo de la paz no me quedó muy claro.

NIÑO 1

(En tono de desafío infantil) A ver, vos que te las sabés todas. Si la gente no se muere en la guerra, ¿cómo muere?

TOMÁS

En soledad. La muerte es un acto íntimo, solitario. Como la enfermedad. Si estás enfermo, pueden ir a visitarte muchas personas. Tu mamá te puede hacer las comidas más ricas, las que más te gustan: milanesas con puré, pastel de papas, flan. Pueden venir a acomodarte la frazada y darte un beso, a cada rato. Pero todo eso sólo agiganta la soledad. Quieren distraerla, pero la definen.

NIÑO 1

Yo vi cuando se murió mi abuelo. Mamá le sostenía la mano. No estaba solo.

TOMÁS

Sí que estaba solo. Ya no estaba ahí.

Entra la Enfermera e interrumpe la tertulia. 

ENFERMERA

(A Tomás) A ver, chiquito… Que vamos a sacarte el piyamita…

TOMÁS

(Más anonadado que fastidioso) ¿Otra vez? ¿Cuántas veces me van a sacar el piyama? ¿Cuántas veces se debe representar esto?

ENFERMERA

(Mientas le saca la parte de arriba del uniforme, maternalmente) No seas preguntón, vamos… (La Enfermera le acomoda el pelo y acaricia el rostro; a continuación se retira, llevándose el saco del uniforme que acaba de sacarle)

Silencio.

TOMÁS

(Cabizbajo, abstraído, reflexivo) Ya no me da miedo. (Pausa) Pero no deja de angustiarme.

Silencio. El Niño 1 y el 2, callados, lo observan.

NIÑO 2

¿Por qué están todas esas fotos tuyas y de la señora colgadas por todas partes? (Pausa) ¿Sos famoso? ¿Es por eso que te sacan el piyama todo el tiempo?

TOMÁS

(Completamente abstraído) ¿Fotos? ¿Qué fotos? Silencio. Sólo existe el piyama, y mis brazos alzados, y la camilla, la enfermera que entra y sale… (Pausa) Y las voces… Las de todos ustedes, siempre.

NIÑO 1

(Otra vez en tono infantil de desafío) Ma’ qué siempre… Si es la primera vez que te vemos.

TOMÁS

Es que ustedes no tienen memoria.

NIÑO 2

(Más divertido que desafiante) ¿Y vos qué? ¿Vos sí tenés?

TOMÁS

(Sale de la abstracción y retoma el contacto visual con los niños) Sí, yo sí.

NIÑO 1

(Burlón) Aaah, miralo al fanfarrón…

TOMÁS

(Recogiendo el guante y siguiendo el juego) ¿Quieren ver cómo yo sí tengo memoria?

NIÑO 1 Y NIÑO 2

(Al unísono) Aaah… Mirá cómo tiemblo… (Se miran entre sí y ríen, retoman el unísono) ¿A ver?

NIÑO 3

(Entrando por donde había salido la enfermera) Hola… Soy José, ¿ustedes cómo se llaman?

NIÑO 1

¿Y este? ¿De dónde salió?

NIÑO 3

Yo estuve acá todo el tiempo.

NIÑO 2

(Incrédulo) ¿Sí? ¿En serio? ¿Y qué hacés acá en el hospital? ¿A vos qué te duele?

NIÑO 3

A mí no me duele nada, nunca.

NIÑO 2

¿Entonces por qué no te vas a tu casa? ¿Para qué venís?

NIÑO 3

Me trae Tomasito. (Pausa) ¿Y ustedes? ¿Están enfermos?

NIÑO 1

Nunca me enfermé.

NIÑO 2

(De manera inmediata) Ni un resfrío me agarré yo.

NIÑO 3

¿Entonces? ¿Qué hacen acá?

NIÑO 2

(Señalando a Tomás) Venimos a ver cómo la enfermera le saca el piyama a él.

NIÑO 1

(Precipitado por aclarar) Pero es la primera vez que lo vemos, eh.

TOMÁS

(Quien volvió a perderse en la abstracción desde el ingreso del Niño 3)Sí, claro… La suerte que tienen…

NIÑO 2

(A Tomás) ¡Vos también tenés suerte! Ahora te sacan el piyamita, te hacen la operación y chau: curado.

TOMÁS

No. Nunca te llevan.

NIÑO 2

(A Tomás, mirándolo; Tomás sigue abstraído, cabizbajo y con la mirada perdida) ¿Cómo que no? ¿A qué te creés que viene la enfermera? (Mirando alrededor) ¿Dónde se metió ahora?

NIÑO 1

Desde que le sacó el piyamita no la vi más. (A Tomás) ¿Querés que la vaya a buscar así te lleva y te curan rápido?

TOMÁS

(Siempre abstraído) No me llevan, a ninguna parte. Sólo me sacan el piyama y el abismo se materializa. El abismo, que permanece. La certera espera de un hecho inminente y largamente demorado. La perfecta supresión del tiempo.

Los tres niños se fueron yendo mientras Tomás decía lo anterior. En la salita -ahora- sólo se lo ve a Tomás, sentado sobre la camilla, a un costado. Aparece Tomasito, trepando la camilla del otro lado. Una vez arriba, apoya su espalda contra la espalda de Tomás. Tomasito comienza a reír y golpea suavemente su espalda contra la de Tomás. Ambos comienzan a jugar entre sí, espalda contra espalda. Entrecruzan sus brazos, se ríen alegremente. Tomasito tiene puesto el saco del uniforme militar que la enfermera le había quitado a Tomás a comienzo de la escena. Naturalmente, a Tomasito le queda muy grande el saco militar de Tomás. Se oyen sus risas suaves y cómplices.

 

ESCENA DECIMOSÉPTIMA – TOMASITO, LA MADRE, TOMÁS, EL GENERAL

 

Habitación de La Madre. Una cama de dos plazas, dos mesitas de luz. Un televisor de frente a la cama. Un rosario en la pared, encima de la cabecera de la cama. Tomasito está acostado del lado izquierdo; La Madre, sentada sobre el borde derecho de la cama, está cosiendo; hay un costurero abierto apoyado sobre la cama.

TOMASITO

¿Por qué tu cama tiene olor rico?

LA MADRE

(Con un alfiler sostenido entre los labios) ¿Mmm olmmm?

TOMASITO

¿Por?

LA MADRE

¡¿Mmm olmmm?!

TOMASITO

¡¿Qué?!

LA MADRE

(Retirando el alfiler que sostenía entre los labios) ¿De qué olor hablás?

TOMASITO

Ese olor rico que siento acá en la almohada. Siempre siento ese olor si me acuesto en tu cama. (Pausa) Me gusta mucho. Me dan ganas de dormir.

LA MADRE

No sé de qué olor hablás. (Silencio) ¿El apresto de la ropa? (Pausa) No puede ser, hace como diez días que lavé estas sábanas… (Silencio. Acerca su nariz a la almohada y la huele) Yo no siento nada. (Pausa) Por ahí es la costumbre.

TOMASITO

Es olor a siesta. (Silencio) Después de comer vengo y está oscurito, porque bajaste la persiana. (Silencio) Pongo la tele, pero igual me quedo dormido. Es el olor rico. (Silencio) ¿No puedo tener el olor rico en mi cama?

LA MADRE

Si supiera cómo hacer… Pero ni sé de qué olor hablás.

Silencio.

TOMASITO

Ma…

LA MADRE

Qué.

TOMASITO

¿Puedo prender la tele?

LA MADRE

Dormí un rato que a las cuatro tenemos que ir al médico.

TOMASITO

(Suplicante) Máaaaaa, dejame ver la tele. Un ratito nada más, cuando me duermo la apagás.

La Madre enciende el televisor y baja su volumen al mínimo. Es un murmullo lejano. Tomasito se va quedando dormido. La madre cierra el costurero y se va de la habitación. Silencio. Tomasito está dormido. Aparece Tomás (en su traje militar) y se acuesta a un lado de Tomasito, quien finalmente ha quedado dormido. Silencio. Aparece El General (en su traje militar) y se para junto a la cama, del lado de Tomás. Silencio.

EL GENERAL

(Lleva una amplia sonrisa Gardeliana dibujada en el rostro) ¿Mejor, Tomás? (Pausa) ¿No es maravilloso estar curado?

TOMÁS

Es un puesto de alivio. Como si algo pesado hubiese dejado de ser. (Silencio. Tomás se incorpora y sale de la cama, en la que Tomasito quedó dormido) ¿Fue usted, mi General?

EL GENERAL

(Parado frente a Tomás, mirándolo profundamente a los ojos, se sonríe) Mi amigo Tomasito, qué va… (Pausa) ¿Yo? Nunca…

TOMÁS

Y siempre… (Pausa) Siempre supe que usted lo iba a hacer.  Usted. Es.

EL GENERAL

(En una clara actitud de camaradería, acortando las distancias que Tomás marca desde su admiración y gratitud) Vamos, vamos compañero. Venga por aquí conmigo, acompáñeme… (El General toma a Tomás del brazo y se retiran de la habitación; al atravesar la puerta, entran a la galería descrita en la escena primera y se sientan en las mecedoras. El General, sentado a la izquierda, enciende un cigarrillo. Permanecen en silencio un buen rato, con las miradas perdidas en el horizonte. Los únicos movimientos que se registran es el de las sillas meciéndose y el que practica El General mientras fuma. Debe sentrise en el aire un clima de paz y alivio absolutos. Se apaga todo muy lentamente, de manera casi imperceptible.)

 

FIN.

 

Buenos Aires, 16 de Julio de 2003.

 

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