UN PERONCITO (CRÓNICA DE UN SÓLO NIÑO) – EPISODIO SEIS

UN PERONCITO (CRÓNICA DE UN SÓLO NIÑO)

TEMPORADA ÚNICA, EPISODIO SEXTO

PERSONAJES:

Tomás – Tomasito

El General

La Madre – Juana – Enfermera

El Padre – Mario

Avelino

Dr. Gaetti

Niño 1

Niño 2

Niño 3

NOTA PRELIMINAR AL EPISODIO SEXTO

 

No sabemos de dónde venimos ni hacia dónde vamos, en igual medida. Perfecta simetría de un misterio. De todas formas, soñamos. Aunque no lo advirtamos. Recordémoslo o no. Lo queramos o no, soñamos: vanas todas las resistencias de las que se compone cada una de nuestras aparentes vigilias. Nunca dejamos de jugar al sueño. Porque en él, de caber, debe hallarse la ansiada salida. Oculta a los ojos ciegos bien abiertos. Somos la negación de la cultura a la que sin piedad nos han arrojado. A pesar y razón de barbarie tal, soñamos. Porque ese es el juego ultimísimo. La infancia insumisa.

Un buen día y con la película empezada, descubrimos que -además- nos hubieron abandonado en un saco de huesos. Advertimos que la saca se corroe, quiérase o no. Nos enseñan denigrantes rezos y clausuran las puertas que dan al ritual de lo gutural. Nos educan en torpes encierros, guiándonos por caminos que no conducen a nada. Religión y ciencia. Nos imponen un sentido común expresado en un conjunto de torpes clasificaciones, meras celdas de aislamiento. Hay carceleros de sobra para cada cosa que encripte un potencial de liberación. Y aún así, soñamos. En silencio, inventamos el consuelo. Gea y Urano.

La vida es sueño y el sueño, un pensamiento. Así, vamos forjando una liberación demorada. Tomar lo dado (lo impuesto) y resignificarlo. Trastocar la sustancia de la que están hechos los dados, pues usarlos tal como nos han sido otorgados resulta inconducente. No importa cuántas veces batamos el cubilete, ni cuántos tiros ensayemos: es menester fundir lo dado y emprender el retorno a nuestra naturaleza alquímica. Para jugar. Para soñar con el pasaje que se oculta entre los sueños.

 

 

ESCENA DECIMOQUINTA – TOMASITO Y LA MADRE

 

Comedor de la casa. Tomasito hace la tarea. La Madre, costurero abierto, cose un botón en el guardapolvo blanco de su hijo. Ambos están sentados a la mesa. Tomasito cierra su cuaderno en señal de haber finalizado los deberes escolares.

TOMASITO

(Se pone de pie) ¿Puedo salir al balcón ahora? Ya hay sol.

LA MADRE

Hace mucho frío. Te podés enfermar. Jugá acá adentro.

TOMASITO

Dale, Ma. Desde adentro no se ven los coches que pasan. (Pausa) En invierno también hay fútbol. Los jugadores se ponen mangas largas. Poneme el pulóver grueso.

LA MADRE

Dije que no, y no es no.

TOMASITO

¿Que no es no? ¡Entonces es sí, puedo salir!

LA MADRE

(Se levanta e intercepta a Tomasito -quien iba hacia el balcón- tomándolo del brazo) Vení que tenemos que ir a ver al abuelo.

TOMASITO

¡No, Má! No quiero, hace mucho frío.

LA MADRE

Para salir al balcón a jugar y torturarme con la vocecita no hace frío, pero para ir del abuelo sí. ¡Qué bien! (Tomasito bufa y patea el suelo. Pausa) A ver si te quedás un ratito charlando con él y le contás tus cosas. Parece que no lo quisieras.

TOMASITO

¿Quién dijo que no lo quiero?

LA MADRE

Si no querés visitarlo…

TOMASITO

Quiero ir. Pero cuando estoy allá me da lástima y me quiero volver.

LA MADRE

¿Lástima de tu abuelo? Una nueva… (Pausa) ¿Y por qué te da lástima?

TOMASITO

No sé… Parece que está triste… Cansado.

LA MADRE

¿Cansado, papá? Está más joven que yo.

TOMASITO

No, cansado así no. Si es el mejor jugando a las bochas, no le gana nadie. (Sonriendo y haciendo la mímica de tirar una bocha) ¡No para de mover el bochín!

LA MADRE

Ojalá tuviera yo esa vitalidad. ¡Quién pudiera tener su edad!

TOMASITO

¡Todos!

LA MADRE

Sí, claro…

TOMASITO

Esa edad la tenemos todos, ¿no sabías? (Pausa) A veces me siento cansado así, como el abuelo. Y sólo quiero mirar las cosas.

LA MADRE

(Interrumpe la tarea y mira a su hijo) ¿Qué decís?

TOMASITO

Cuando estoy cansado, tengo igual de años que el abuelo. Soy el abuelo por un rato. Y miro…

LA MADRE

El abuelo no se cansa.

TOMASITO

A veces no, entonces tiene los años que tengo yo, y juega. A las bochas, a caminar treinta cuadras para ver a la abuela en Chacarita, a jugar a los soldaditos juntos tirados en el piso…

LA MADRE

¿Y desde cuándo sabés que el abuelo camina esas cuadras para ir a la Chacarita? ¿Qué sabés vos qué es la Chacarita?

TOMASITO

Una vez me llevó. (Aclarando) A babucha, casi todo el camino.

LA MADRE

¡¿Te llevó al cementerio?! No lo puedo creer…

TOMASITO

(Contento) ¡Estuvo buenísimo! Charlamos un ratito con la abuela y a la vuelta fuimos a la heladería. Me comí uno de cucurucho, ¡bañado en chocolate!

LA MADRE

(Contrariada, guardando las cosas en el costurero. Para sí) No lo puedo creer…

TOMASITO

¿Vamos del abuelo, Ma? ¡Poneme el pulóver grueso y vamos!

LA MADRE

Nos quedamos acá, hace mucho frío.

TOMASITO

¿Y el abuelo? ¡Así no lo vamos a ver nunca!

LA MADRE

No podemos. Tenemos que ir a otra parte.

TOMASITO

(Súbitamente preocupado) Me dijiste que no teníamos que ir al médico…

LA MADRE

Vamos de Doña Rosa, a que te cure el empacho.

TOMASITO

¡No, Ma! ¡El cuerito no!

LA MADRE

Tenés que sacarte ese empacho. No comés nada. Si seguís así te vas a enfermar.

TOMASITO

¡No estoy enfermo! ¡El cuerito no, que duele!

LA MADRE

Le pido que te mida.

TOMASITO

¿Para qué? Ya sé cuánto mido: uno veinticinco. Un día me medí, en lo del abuelo. ¡Vamos del abuelo, dale!

LA MADRE

No te hagas el zonzo. Doña Rosa te saca el empacho con una cuerda. Mide desde tu panza hasta ella. Te lo hizo mil veces.

TOMASITO

¿Sabés, Ma? Cuando me medí, el abuelo me vio y se enojó. Me dijo que nunca hay que medirse porque si te medís no crecés más, te quedás petiso. (Pausa) Desde ese día, me mido todo el tiempo para saber si es verdad. Y parece que sí porque mido más o menos siempre igual. Crecí una vez sola, pero fue porque me medí con los zapatos del colegio puestos. Entonces me los saqué y ya era petiso otra vez. (Pausa) ¿Y si el abuelo tiene razón? Soy un tonto, ¡por medirme me voy a quedar petiso! ¿Por qué no me lo dijiste nunca? (Silencio) Vamos del abuelo Má, porfa… Después del empacho. Seguro que él sabe cómo hay que hacer para volver a crecer.

LA MADRE

Después de curarte el empacho vamos a la cortada de atrás de las vías, a ver a un señor que cura.

TOMASITO

Curas no. No me gusta. A la iglesia no te acompaño más.

LA MADRE

(Saliendo. Tomasito queda solo) No dije curas ni iglesia. Dije un señor que cura, enfermedades.

TOMASITO

(Solo, sacando pecho y sonriendo) El único que se cura es Perón, ¡mi General! (Haciendo la ovación con la vocecita) Eeeeeeh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! Eeeeeeh… Eeeeeeh…

LA MADRE

(Regresa a escena con un pulóver y una campera. Mientras abriga a su hijo) Vamos que después se hace tarde.

TOMASITO

(Mientras La Madre le calza bien el pulóver) Ma…

Silencio.

LA MADRE

(Le acomoda el pelo) Qué.

TOMASITO

¿No vino el cartero hoy?

LA MADRE

(Incómoda y fastidiosa) Callate un poco, quedate quieto…

TOMASITO

¿Cuándo llega la carta de Avelino? Hace un montón que se fue y no me llegó ni una sola carta. ¿Estará enojado?

LA MADRE

Te dije que se fue lejos. El correo no funciona bien. Tené paciencia. (Pausa) Si preguntás todo el tiempo es peor. Dejá de pensar un poco.

Silencio. La madre termina de acomodarle el pulóver y le calza la campera.

TOMASITO

Ma…

Silencio.

LA MADRE

Qué.

TOMASITO

¿Podemos ir a ver a Perón?

LA MADRE

(Para sí, en un murmullo) Perón… (A Tomasito) Le hubieses pedido a tu abuelo, cuando te llevó a la Chacarita.

TOMASITO

Quiero ir al Cabildo y ver a Perón, Ma… ¡Llevame!

LA MADRE

(Termina de arreglar a su hijo y sale) Si te portás bien, un día vas a ir.

TOMASITO

(Solo y feliz) ¡Vieeennnnn-tóooooo! (Hace la vocecita y entra en tono declamatorio) ¡Amigos y amigas de mi Patriaaaaaaaaa…! (Ovación de la multitud) Eeeeeeh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! Eeeeeeh… Eeeeeeh… (Sale de escena)

 

ESCENA DECIMOSEXTA – NIÑO 1, NIÑO 2, TOMÁS, ENFERMERA, NIÑO 3

 

Una minimalista sala de hospital montada en la habitación de Tomasito. La cama de su hermano Avelino está donde siempre pero no tiene sábanas, sólo se ve el colchón. En el lugar de la de Tomasito hay una camilla. Fotos de Perón y Evita en las paredes. Una mesita de metal con ruedas exhibe instrumental quirúrgico, frascos, algodón. Los niños y la enfermera (quien debe ser representada por la misma actriz que hace a La Madre) tratan a Tomás como si fuese un niño más, ignorando su aspecto de persona adulta joven. Viste el traje militar que usa en todas las escenas.

NIÑO 1

¿Acá se muere la gente?

NIÑO 2

No sé, pero hay rico olor.

TOMÁS

No, acá no se mueren. Caen la vacío.

NIÑO 2

La gente se muere en la guerra, no en los hospitales.

NIÑO 1

¿Conociste a alguien que haya muerto en la guerra?

NIÑO 2

No.

TOMÁS

(Al Niño 2) Entonces nadie se muere en la guerra.

NIÑO 2

¡Mentira! En la escuela dijeron que en la guerra se matan. Por eso tiene que haber paz.

TOMÁS

Yo no conozco ninguna guerra. Y lo de la paz no me quedó muy claro.

NIÑO 1

(En tono de desafío infantil) A ver, vos que te las sabés todas. Si la gente no se muere en la guerra, ¿cómo muere?

TOMÁS

En soledad. La muerte es un acto íntimo, solitario. Como la enfermedad. Si estás enfermo, pueden ir a visitarte muchas personas. Tu mamá te puede hacer las comidas más ricas, las que más te gustan: milanesas con puré, pastel de papas, flan. Pueden venir a acomodarte la frazada y darte un beso, a cada rato. Pero todo eso sólo agiganta la soledad. Quieren distraerla, pero la definen.

NIÑO 1

Yo vi cuando se murió mi abuelo. Mamá le sostenía la mano. No estaba solo.

TOMÁS

Sí que estaba solo. Ya no estaba ahí.

Entra la Enfermera e interrumpe la tertulia. 

ENFERMERA

(A Tomás) A ver, chiquito… Que vamos a sacarte el piyamita…

TOMÁS

(Más anonadado que fastidioso) ¿Otra vez? ¿Cuántas veces me van a sacar el piyama? ¿Cuántas veces se debe representar esto?

ENFERMERA

(Mientas le saca la parte de arriba del uniforme, maternalmente) No seas preguntón, vamos… (La Enfermera le acomoda el pelo y acaricia el rostro; a continuación se retira, llevándose el saco del uniforme que acaba de sacarle)

Silencio.

TOMÁS

(Cabizbajo, abstraído, reflexivo) Ya no me da miedo. (Pausa) Pero no deja de angustiarme.

Silencio. El Niño 1 y el 2, callados, lo observan.

NIÑO 2

¿Por qué están todas esas fotos tuyas y de la señora colgadas por todas partes? (Pausa) ¿Sos famoso? ¿Es por eso que te sacan el piyama todo el tiempo?

TOMÁS

(Completamente abstraído) ¿Fotos? ¿Qué fotos? Silencio. Sólo existe el piyama, y mis brazos alzados, y la camilla, la enfermera que entra y sale… (Pausa) Y las voces… Las de todos ustedes, siempre.

NIÑO 1

(Otra vez en tono infantil de desafío) Ma’ qué siempre… Si es la primera vez que te vemos.

TOMÁS

Es que ustedes no tienen memoria.

NIÑO 2

(Más divertido que desafiante) ¿Y vos qué? ¿Vos sí tenés?

TOMÁS

(Sale de la abstracción y retoma el contacto visual con los niños) Sí, yo sí.

NIÑO 1

(Burlón) Aaah, miralo al fanfarrón…

TOMÁS

(Recogiendo el guante y siguiendo el juego) ¿Quieren ver cómo yo sí tengo memoria?

NIÑO 1 Y NIÑO 2

(Al unísono) Aaah… Mirá cómo tiemblo… (Se miran entre sí y ríen, retoman el unísono) ¿A ver?

NIÑO 3

(Entrando por donde había salido la enfermera) Hola… Soy José, ¿ustedes cómo se llaman?

NIÑO 1

¿Y este? ¿De dónde salió?

NIÑO 3

Yo estuve acá todo el tiempo.

NIÑO 2

(Incrédulo) ¿Sí? ¿En serio? ¿Y qué hacés acá en el hospital? ¿A vos qué te duele?

NIÑO 3

A mí no me duele nada, nunca.

NIÑO 2

¿Entonces por qué no te vas a tu casa? ¿Para qué venís?

NIÑO 3

Me trae Tomasito. (Pausa) ¿Y ustedes? ¿Están enfermos?

NIÑO 1

Nunca me enfermé.

NIÑO 2

(De manera inmediata) Ni un resfrío me agarré yo.

NIÑO 3

¿Entonces? ¿Qué hacen acá?

NIÑO 2

(Señalando a Tomás) Venimos a ver cómo la enfermera le saca el piyama a él.

NIÑO 1

(Precipitado por aclarar) Pero es la primera vez que lo vemos, eh.

TOMÁS

(Quien volvió a perderse en la abstracción desde el ingreso del Niño 3) Sí, claro… La suerte que tienen…

NIÑO 2

(A Tomás) ¡Vos también tenés suerte! Ahora te sacan el piyamita, te hacen la operación y chau: curado.

TOMÁS

No. Nunca te llevan.

NIÑO 2

(A Tomás, mirándolo; Tomás sigue abstraído, cabizbajo y con la mirada perdida) ¿Cómo que no? ¿A qué te creés que viene la enfermera? (Mirando alrededor) ¿Dónde se metió ahora?

NIÑO 1

Desde que le sacó el piyamita no la vi más. (A Tomás) ¿Querés que la vaya a buscar así te lleva y te curan rápido?

TOMÁS

(Siempre abstraído) No me llevan, a ninguna parte. Sólo me sacan el piyama y el abismo se materializa. El abismo, que permanece. La certera espera de un hecho inminente y largamente demorado. La perfecta supresión del tiempo.

Los tres niños se fueron yendo mientras Tomás decía lo anterior. En la salita -ahora- sólo se lo ve a Tomás, sentado sobre la camilla, a un costado. Aparece Tomasito, trepando la camilla del otro lado. Una vez arriba, apoya su espalda contra la espalda de Tomás. Tomasito comienza a reír y golpea suavemente su espalda contra la de Tomás. Ambos comienzan a jugar entre sí, espalda contra espalda. Entrecruzan sus brazos, se ríen alegremente. Tomasito tiene puesto el saco del uniforme militar que la enfermera le había quitado a Tomás a comienzo de la escena. Naturalmente, a Tomasito le queda muy grande el saco militar de Tomás. Se oyen sus risas suaves y cómplices.

 

ESCENA DECIMOSÉPTIMA – TOMASITO, LA MADRE, TOMÁS, EL GENERAL

 

Habitación de La Madre. Una cama de dos plazas, dos mesitas de luz. Un televisor de frente a la cama. Un rosario en la pared, encima de la cabecera de la cama. Tomasito está acostado del lado izquierdo; La Madre, sentada sobre el borde derecho de la cama, está cosiendo; hay un costurero abierto apoyado sobre la cama.

TOMASITO

¿Por qué tu cama tiene olor rico?

LA MADRE

(Con un alfiler sostenido entre los labios) ¿Mmm olmmm?

TOMASITO

¿Por?

LA MADRE

¡¿Mmm olmmm?!

TOMASITO

¡¿Qué?!

LA MADRE

(Retirando el alfiler que sostenía entre los labios) ¿De qué olor hablás?

TOMASITO

Ese olor rico que siento acá en la almohada. Siempre siento ese olor si me acuesto en tu cama. (Pausa) Me gusta mucho. Me dan ganas de dormir.

LA MADRE

No sé de qué olor hablás. (Silencio) ¿El apresto de la ropa? (Pausa) No puede ser, hace como diez días que lavé estas sábanas… (Silencio. Acerca su nariz a la almohada y la huele) Yo no siento nada. (Pausa) Por ahí es la costumbre.

TOMASITO

Es olor a siesta. (Silencio) Después de comer vengo y está oscurito, porque bajaste la persiana. (Silencio) Pongo la tele, pero igual me quedo dormido. Es el olor rico. (Silencio) ¿No puedo tener el olor rico en mi cama?

LA MADRE

Si supiera cómo hacer… Pero ni sé de qué olor hablás.

Silencio.

TOMASITO

Ma…

LA MADRE

Qué.

TOMASITO

¿Puedo prender la tele?

LA MADRE

Dormí un rato que a las cuatro tenemos que ir al médico.

TOMASITO

(Suplicante) Máaaaaa, dejame ver la tele. Un ratito nada más, cuando me duermo la apagás.

La Madre enciende el televisor y baja su volumen al mínimo. Es un murmullo lejano. Tomasito se va quedando dormido. La madre cierra el costurero y se va de la habitación. Silencio. Tomasito está dormido. Aparece Tomás (en su traje militar) y se acuesta a un lado de Tomasito, quien finalmente ha quedado dormido. Silencio. Aparece El General (en su traje militar) y se para junto a la cama, del lado de Tomás. Silencio.

EL GENERAL

(Lleva una amplia sonrisa Gardeliana dibujada en el rostro) ¿Mejor, Tomás? (Pausa) ¿No es maravilloso estar curado?

TOMÁS

Es un puesto de alivio. Como si algo pesado hubiese dejado de ser. (Silencio. Tomás se incorpora y sale de la cama, en la que Tomasito quedó dormido) ¿Fue usted, mi General?

EL GENERAL

(Parado frente a Tomás, mirándolo profundamente a los ojos, se sonríe) Mi amigo Tomasito, qué va… (Pausa) ¿Yo? Nunca…

TOMÁS

Y siempre… (Pausa) Siempre supe que usted lo iba a hacer.  Usted. Es.

EL GENERAL

(En una clara actitud de camaradería, acortando las distancias que Tomás marca desde su admiración y gratitud) Vamos, vamos compañero. Venga por aquí conmigo, acompáñeme… (El General toma a Tomás del brazo y se retiran de la habitación; al atravesar la puerta, entran a la galería descrita en la escena primera y se sientan en las mecedoras. El General, sentado a la izquierda, enciende un cigarrillo. Permanecen en silencio un buen rato, con las miradas perdidas en el horizonte. Los únicos movimientos que se registran es el de las sillas meciéndose y el que practica El General mientras fuma. Debe sentrise en el aire un clima de paz y alivio absolutos. Se apaga todo muy lentamente, de manera casi imperceptible.)

 

FIN.

 

Buenos Aires, 16 de Julio de 2003.

 

 

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