UN PERONCITO (CRÓNICA DE UN SÓLO NIÑO) – EPISODIO CINCO

UN PERONCITO (CRÓNICA DE UN SÓLO NIÑO)

TEMPORADA ÚNICA, EPISODIO QUINTO

PERSONAJES:

Tomás – Tomasito

El General

La Madre – Juana – Enfermera

El Padre – Mario

Avelino

Dr. Gaetti

Niño 1

Niño 2

Niño 3

 

 

NOTA PRELIMINAR AL EPISODIO QUINTO

 

¿Cuándo fue que desató la confusión?

¿Cuándo fue que tomamos la curva equivocada?

¿Cuándo fue que se perdió el norte que creímos una vez llevar?

¿Cuándo fue que decidieron no quedarse con nosotros?

¿Cuándo fue que debimos habernos declarado en retirada?

¿Cuándo era tiempo?

¿Cuándo fue que no nos dimos cuenta?

 

¿Cuándo fue que el embrión se hizo larva, la larva crisálida y la crisálida imago?

¿Cuándo fue que la mariposa dio ese letal aletazo al otro lado del globo? 

¿Cuándo se decretó la gangrena con destino final de amputación?

¿Cuándo fue que su piel perdió la tersura de ternura?

¿Cuándo fue que el mundo se declaró irreductible?

¿Cuándo era el tiempo?

¿Cuándo fue, que no nos dimos cuenta?

 

 

ESCENA DECIMOTERCERA – TOMÁS Y TOMASITO

 

Balcón de la casa familiar. Tomás, en el traje militar de la escena primera, sentado en el suelo con las piernas cruzadas como los indios. Junto a él hay un vaso de leche. Entra Tomasito.

TOMASITO

¿Qué estás tomando?

TOMÁS

Vascolet.

TOMASITO

Faaaaaa… ¿Me das un traguito?

TOMÁS

(Saca de detrás suyo un segundo vaso) Tomá.

TOMASITO

Está buenísimo preparar Vascolet, el Nesquick es una porquería: se puede meter el chocolate después de la leche y eso es feo.

TOMÁS

Sos loco, eh. El Vascolet es más barato. El otro es más fácil y rico.

TOMASITO

El gusto es lo de menos.

TOMÁS

¿Para qué le ponés chocolate a la leche si el gusto es lo de menos?

TOMASITO

Escuchá, escuchá: lo divertido es prepararlo. Primero, tres o cuatro cucharaditas de Vascolet, dos de azúcar y mezclás, así se confunden los granos blancos del azúcar con el chocolate. Después viene un chorrito chiquitito chiquitito de leche, ¡qué divertida esa parte! No te tenés que equivocar porque se te puede morir el Vascolet. Si le ponés lo justo y revolvés, se forma la pastita marrón. Y ahí viene la fiesta: con la mano izquierda vas echando la leche adentro del vaso mientras con la derecha revolvés, así la pastita desaparece y no queda ninguna bolita negra. Porque las bolitas negras molestan cuando tragás. No tienen que quedar pelotitas. Después, al final de todo, te lo tomás de un trago, sin respirar, bien rápido, ¡a todo loquedad! Qué genial…

TOMÁS

(Introspectivo) A todo loquedad… (Pausa) Muy genial, pero todavía no tomaste ni un traguito del que te di.

TOMASITO

(Levemente decepcionado) Es que me lo diste preparado. (Pausa) ¿Me estabas esperando?

TOMÁS

No. Yo no espero nada. Lo aprendí de chico.

TOMASITO

Vos tenés que tener ahí atrás el tarro de Vascolet, un sachet de leche, la azucarera, un vaso, una cucharita…

TOMÁS

El mío me lo preparé yo. El que te di debe ser de alguien que lo abandonó por acá.

TOMASITO

Por ahí fue un papá que se enojó con su hijo, se lo sacó y lo dejó por ahí.

TOMÁS

Los papás no le sacan la leche a sus hijos, imposible. La leche hace bien.

TOMASITO

¿Y vos qué sabés?

TOMÁS

¿Yo?

TOMASITO

Sí, vos.

TOMÁS

Nada.

TOMASITO

Ah. Entonces, decime una cosa: ¿por qué los padres tienen hijos?

TOMÁS

(Pensativo) No sé… Supongo que porque los quieren tener.

Silencio.

TOMASITO

¿Y si se arrepienten? ¿Se pueden devolver?

TOMÁS

Nadie se arrepiente de algo así.

TOMASITO

¿No? (Pausa) Quién quiere algo para toda la vida…

TOMÁS

¿Y vos qué sabés de la vida?

TOMASITO

Qué. ¿Vos te pensás que sabés más que yo porque sos casi casi un viejo amargado? ¿Nunca tuviste ganas de algo y después se te fueron? A mí se me van las ganas, aunque a veces vuelvan. (Pausa) Igual al final se terminan yendo, siempre.

TOMÁS

Entonces nunca tengas un hijo. No podés tirarlo y después volver a buscarlo cuando te vuelven las ganas. Los hijos no son cosas.

TOMASITO

Puede ser, sí… Puede ser. Aunque soy un nene y me puedo equivocar, ¿no?

TOMÁS

Y, creo que sí…

TOMASITO

Los grandes son grandes… Ellos saben bien, no se equivocan. Porque son grandes. Y sólo se puede tener hijos cuando sos grande… (Pausa) Creo que ya entiendo… Claro.

TOMÁS

Tomate el Vascolet.

TOMASITO

(Lo toma de un sorbo, sin respirar) Ahhhhh… Qué rico debe haber sido prepararlo, ¿no?

TOMÁS

Riquísimo.

TOMASITO

¿Y entonces por qué no terminaste el tuyo?

TOMÁS

No quiero más.

TOMASITO

Guardalo para después, en la heladera.

TOMÁS

¿Así, ya preparado?

TOMASITO

¡Claro! ¡Está buenísimo! Se va separando el chocolate de la leche, despacito despacito. Al final te queda una rayita negra en el fondo y arriba toda la leche bien bien blanca. Si lo querés hacer, no te sale. Sólo las heladeras pueden hacer eso. ¿Sabías?

TOMÁS

Si vos lo decís…

TOMASITO

(Agarra el vaso a medio tomar de Tomás y se lo lleva) Yo te lo guardo. (Desde fuera de escena, se escucha su voz) Igual soy un nene, eh… Y me puedo equivocar.

 

ESCENA DECIMOCUARTA – TOMÁS, MARIO Y JUANA

 

En el mismo campo desolador del a escena primera. Mario y Juana deben ser representados por los mismos actores que hacen El Padre y La Madre. No se reconocen como marido y mujer. Junto a Tomás, son como tres personas que han sido presentadas recientemente. Están sentados en un semicírculo bastante cerrado, de cara a una audiencia imaginaria (un horizonte). Están tomando mate. Juana tiene que pequeño bolso de mano apoyado en el suelo, a su derecha. Tomás viste el traje militar.

TOMÁS

Este lugar me gusta.

MARIO

A mí me resulta indiferente.

TOMÁS

Me animaría a decir que estoy feliz de estar acá.

MARIO

(Incrédulo) ¿Feliz?

JUANA

(Ceba mate) La felicidad… Una sensación de confort, de contención. Quién no desearía sentir todo eso, y conservarlo…

TOMÁS

Ojo, no me animo a enunciar tal cosa con total convencimiento ni seguridad. No siento omnipotencia como para hacerlo, ni por un instante. Tampoco sé cuánto podrá durar esta sensación, pero de momento estoy feliz.

MARIO

(Despectivo) Mariconadas…

TOMÁS

Usualmente la gente se muestra como no es. En realidad es poco común saber qué cosa es uno, de ahí que resulte difícil mostrarse como uno es. Uno nunca termina de saberse.

MARIO

¿Y el mate? Vamos que la ronda no es tan larga…

JUANA

(Pasándole un mate a Mario) Está un poquito lavado.

MARIO

(Se lo pasa a Tomás) Que sea para el joven, entonces. Necesita algo caliente en el estómago y no tomó casi nada.

TOMÁS

(Agarra el mate y agradece) Uno nunca hace las cosas sin advertirlas, sin noticiarse de uno mismo. Hay veces que siento como si fuera otro, como si estuviese observando mi propia vida mientras sucede, sobrevolando levemente lo que alguna vez fue mi propio cuerpo.

JUANA

No digas esas cosas…

TOMÁS

Jamás tomé mate amargo. Sin embargo acá estoy, tomándolo. Sintiendo que siempre lo hice cuando siempre es apenas este momento. (Pausa) De chico sólo podía tomar mate de leche, con azúcar. El que me preparaba la abuela. Me liquidaba una pava entera en diez minutos.

MARIO

Dígame, joven, ¿consume algún tipo de estupefaciente? Mucha abstracción en su volátil discurso…

TOMÁS

No me drogué nunca. Ni siquiera pité un cigarrillo en toda mi vida. Ni tabaco, digo. Ahora, lo que es consultorios médicos… A esos los recorrí todos. (A Juana) ¿Quiere que cebe yo?

MARIO

(Seco) Déjela que tiene buena mano. A ver si por un pequeño cambio, por una cortesía estúpida, arruinamos todo.

TOMÁS

Era una idea nomás, perdón…

MARIO

La yerba con palo es la verdadera yerba. Esos inventos modernos como la yerba sin palo son una aberración. Dentro de poco nos van a llenar el mate de pasto.

JUANA

A mí me gustan las yerbas saborizadas…

MARIO

¿No le digo? Saborizar lo que ya tiene sabor. Ese afán de expandirse y abarcarlo todo, ese deseo de no desaparecer.

TOMÁS

Hay un punto ahí. Mutar para no dejar de ser.

JUANA

(Saca una bolsita de su cartera) Hablando de sabores, ayer hice unas tostadas con el pan que sobró del domingo. Les puse queso de rallar y cebollita rehogada. Pero apenitas, para que queden livianas.

MARIO

Todo. liviano, todo lavado… Como los tiempos que corren.

TOMÁS

Yo tengo queso. (Lo saca de detrás suyo; a Mario) Apuesto a que usted tiene un cuchillo.

MARIO

¿Para que voy a traer un cuchillo acá?

JUANA

Para cortar el queso y acompañar las tostadas.

MARIO

Mis cuchillos son puntiagudos y están bien afilados, no se usan para pavadas.

Silencio.

TOMÁS

¿No sienten el frío?

JUANA

No. El chalcito este es bastante abrigado.

MARIO

(A Juana) ¿Usted viene de lejos?

JUANA

No. Un poco a trasmano, pero cerquita. (A Tomás) ¿Vos querido?

TOMÁS

Ya estaba acá. No vine de ningún lado.

MARIO

(Sarcástico) Me parecía a mí. Usted ni vino.

TOMÁS

(A Juana, con extrañeza) Qué dulce está el mate.

MARIO

¿Dulce? No confunda, está cebando unos amargos maravillosos.

JUANA

(Componedora) Son amargos, sí. (A Tomás) Pero enseguida te preparo unos dulces si querés, siempre llevo otro mate.

TOMÁS

No, no, no se moleste. No quiero mate dulce. Sólo dije que a mí estos mates me saben dulces, sean lo que sean.

MARIO

(Siempre confrontativo) Pero son amargos. El mate es amargo, y punto.

TOMÁS

¿Sí? Yo digo que este se siente dulce.

JUANA

(Incómoda ante cualquier tensión) No discutan por pavadas. Si a vos, querido, te sabe dulce, es dulce. Y si para el señor son amargos, que así sea.

MARIO

(Burlón) Diplomática la señora. Quiere estar bien con dios y con el diablo. Se nota que se acercan las elecciones. Parece político en campaña.

JUANA

Ni me hable de eso. ¡Todavía no sé a quién votar! (Pausa) ¿Vos, querido? ¿Ya sabés?

TOMÁS

Sé poco y nada. (Pausa) ¿A qué se refiere?

JUANA

Si sabés a quién vas a votar, en las elecciones. Es importante saber cómo votan los jóvenes.

TOMÁS

No voto. No está en mi realidad votar, ya.

MARIO

Después se quejan… No se enteran ni cómo gira el mundo.

TOMÁS

(Recogiendo el guante) El mundo gira de infinitas maneras.

MARIO

¿Ah, sí? ¿Y ahora? ¿Un ataque místico?

TOMÁS

(A Mario, desafiante) El mundo gira alrededor mío.

JUANA

(Para sí, como si fuese una mera espectadora) Mirá vos, y se lo veía tan modosito…

TOMÁS

(A Mario) ¿Acaso el mundo no gira alrededor suyo también? O mejor, dicho: ¿únicamente? (Silencio. Retoma para todos) El mundo gira alrededor de cada uno de nosotros, en simultáneo. Además, gira alrededor de cada una de las particiones de nosotros mismos que se producen a lo largo del tiempo. Las pasadas y las proyectadas.

MARIO

(A Tomás y, una vez más, desafiante) No tengo tiempo como para perderlo en divagues absurdos.

Silencio.

TOMÁS

Cuando lo noten ya no van a saber qué votar, ni siquiera se sabrá qué son las elecciones.

MARIO

(Con satisfacción y, por primera vez, con cercanía a Tomás) ¡Ahora sí que nos entendemos, tagarna! (Alzando el mate en señal de brindis) ¡Por la vuelta de la biaba!

 

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