UN PERONCITO (CRÓNICA DE UN SÓLO NIÑO) – EPISODIO CUATRO

UN PERONCITO (CRÓNICA DE UN SÓLO NIÑO)

TEMPORADA ÚNICA, EPISODIO CUATRO

PERSONAJES:

Tomás – Tomasito

El General

La Madre – Juana – Enfermera

El Padre – Mario

Avelino

Dr. Gaetti

Niño 1

Niño 2

Niño 3

 

 

NOTA PRELIMINAR AL EPISODIO CUATRO

 

Voces adultas que vienen del pasado, esa habitación contigua: “tendrá que irse a vivir a un lugar con playa, al lado del mar, donde haga buen tiempo todo el año”. Así me llegaba información sobre mis destinos posibles allá cuando niño. Todo fuera por librarse de una psoriasis que había tomado la centralidad de mi infancia. Por entonces, no manejaba el concepto de tiempo como ordenamiento lineal de los acontecimientos. Casi como ahora. El mensaje recibido era -simplemente- el de un exilio precoz. Y el mar quedaba lejísimo, mucho más allá de Mar del Plata, donde en invierno hacía frío. Tampoco sabía yo entonces de la existencia de Europa; apenas de España, donde hoy paso los días. Esperando.

Salgo de mi ventana de vez en cuando y desciendo el barranco entre hierbas de fuera de temporada. Tomo la breve rambla que desemboca en la playa, esa zona mixta donde los acantilados se interrumpen de erosión marina. Al final, un sendero me devuelve a otro peñasco, mirador salvaje. El agua golpea el planeta rocoso con recelo. De poder seguir hacia el oeste, el intervalo playa/acantilado se continuaría hacia el infinito oceánico. En cambio, me siento sobre una piedra amable, de cara a la voracidad cantábrica. Hay bruma y en la bruma, veo lejos.

Voy en el asiento trasero de un Peugeot 404. Adelante van mis padres. Me siento avergonzado y aliviado al mismo tiempo. Mis vacaciones iniciáticas sin ellos acaban de ser abortadas: la primera noche en casa del hermano de un amigo de mi hermano (un amigo mío un tanto artificial), en Mar del Plata, me había sumido en la desesperación. Fuera de toda razón, me largué a llorar. Como si nunca más fuese a parar, ni a volver a casa. Ni siquiera a la escuela. Lloré sin cesar. Las voces adultas que vienen de las habitaciones contiguas calan hondo en ciertas voluptuosas imaginaciones.

Ahora desando mis pasos, como cada día. Trepo mi ventana, entro a la casa y cierro: pleamar bochinchera. Según el tiempo lineal, pasaron más de cuarenta calendarios desde el párrafo anterior. El vaticinio ha sucedido. Pero así como entonces, no manejo muy bien la idea de ordenamiento lineal de los acontecimientos de la vida. Concretamente, agarro la escoba (una pequeña, de mango corto: todo lo que el dueño de casa dejó en condiciones para la faena de juntar el polvo) y, con la pala en la otra mano, voy barriendo. Arenilla del mar vecino que arrima el viento y arenas que la vida de psoriásico nunca termina de llevarse.

 

ESCENA DÉCIMA – TOMASITO Y LA MADRE

 

Comedor de la casa. Tomasito con su cuaderno de clase abierto. La madre toma mate y supervisa.

LA MADRE

No, Tomasito. Está mal otra vez. ¿Ocho por siete?

TOMASITO

¡No está mal, Ma!

LA MADRE

¿Ocho por siete?

TOMASITO

(Piensa) ¿Es lo mismo que siete por ocho?

LA MADRE

No des vueltas. Empezá en ocho por uno, dale.

TOMASITO

Ocho por uno, ocho; ocho por dos, dieciséis; ocho… ¡Ufa, Ma! ¿Para qué sirven las tablas?

LA MADRE

¿Cómo que para qué? ¿Desde cuándo hacés esas preguntas vos?

TOMASITO

Contestame, ¿para qué me sirven?

LA MADRE

No preguntes estupideces. A quién le habrás oído esas cosas que repetís como un loro.

TOMASITO

¿Para qué me tengo que aprender de memoria las tablas si un día me las voy a olvidar?

LA MADRE

¿Quién dijo que te las vas a olvidar? Las tablas se te graban para siempre.

TOMASITO

No las quiero.

LA MADRE

No importa lo que vos quieras: las tenés que aprender.

TOMASITO

No entiendo nada.

LA MADRE

Ocho por siete, cincuenta y seis. ¿Qué es lo que no entendés? Es ocho veces siete. Agregale siete al siete hasta sumar ocho sietes y vas a ver.

TOMASITO

No entiendo…

LA MADRE

Qué vas a entender si vivís en la luna.

TOMASITO

¿Adónde van las cosas que estudiamos? Porque a algún lado se tienen que ir cuando nos olvidamos. Un día se van, desaparecen.

LA MADRE

Nadie desaparece. ¿Qué pavada estás diciendo?

TOMASITO

La abuela no se acuerda de las tablas, me dijo que es como si nunca las hubiese sabido.

LA MADRE

Setenta y ocho años tiene tu abuela, los viejos se olvidan las cosas. Ya no son chicos.

TOMASITO

¡Pero por qué! (Pausa. Pasa del fastidio a la curiosidad) Cuando te hacés grande, ¿adónde te vas?

LA MADRE

A trabajar.

TOMASITO

¡No! Digo… Adónde se va el chico.  Cuando yo sea grande, ¿ya no voy a ser yo? ¿No voy a estar más?

LA MADRE

Hasta los veintiuno no te podés ir de casa porque sos menor, así que te quedás acá y hacés los deberes.  Pausa. Mirá que sos cansador…

Silencio. Tomasito pierde la vista en su cuaderno.

TOMASITO

¿Vos te acordás de cuando eras chica?

LA MADRE

Algunas veces.

TOMASITO

Cuando te acordás, ¿te ves como si fuera una peli de la tele, de esas donde hay chicos, como la de Toscanito y los pitucos?

LA MADRE

Cuando yo era chica no había tele.

TOMASITO

Una vez vi una foto tuya, me la mostró Avelino. Eras chiquitita chiquitita y estabas arriba de un burrito. Pero para mí que era otra, no eras vos.  (Pausa) O sí, capaz que eras vos, pero en una película haciendo de chiquitita.

LA MADRE

Eso era en Córdoba. Tu tía tenía una casita allá. Tu tía abuela. Siempre íbamos de vacaciones. (Abstraída en una chupada de mate) Qué hermosura…

TOMASITO

¡Eso, de vacaciones! Para mí que los chicos se van de vacaciones a algún lado. Y entonces no vuelven más porque se quedan allá a jugar. Los grandes son otras personas. ¡Era eso, era eso! ¡Vacaciones para siempre!

LA MADRE

Te dije que este año no nos vamos a poder ir. No empieces otra vez con lo mismo.

TOMASITO

Y las tablas se van también, pero a otro lado. De vacaciones no, porque las tablas son una porquería. Se van a otras escuelas, a limpiar los inodoros. Y yo me voy al campito a jugar a la pelota. (Abandona el lápiz sobre el cuaderno abierto y se va raudo, en una sonrisa amplia)

LA MADRE

(Sola) ¿Cuántas veces le dije que las sillas no se arrastran? Pausa. Campito, te voy a dar campito…

 

 

ESCENA UNDÉCIMA – TOMASITO

 

Solo en el balcón de la casa, en su traje militar y en modo declamatorio.

Amigos y amigas de mi patria… ¡Amigos de la vida! Aquí llegó su General, el General de la sabiduría… ¡El que se aprendió las tablas de todos los números y no se las olvidó nunca! (Hace la ovación de la multitud en su modo vocecita) Eeeehhhhh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! (Carraspea y retoma el discurso) Hoy… Hoy les quiero hablar de las vacaciones. Papis y mamis de mi corazón, no pueden dejar a sus hijos sin vacaciones, llenan de tristeza a la Nación, la patria que yo creé con tanta alegría y habilidad… ¡No se puede! No hagan que el General se enoje, porque si se enoja… (Pone cara de enojado) ¡Ya saben lo que pasa si me enojo! ¡Cuerpo-a-tiéeeee-rrá! (Silencio. Vuelve a un tono amable) Tienen que irse de vacaciones con los chicos, a un lugar lejos lejos. Porque después sus hijos tienen que volver y contarle a sus amiguitos adónde fueron. Y yo digo, si no van a ninguna parte: ¿de qué van a hablar los chicos en el recreo? (Breve ovación de la multitud) ¿Ustedes quieren que sus hijos se queden mudos? No sean malos padres que el General se enoja y cuando me agarra la rabia… (Vuelve a la cara de enojo) ¡Cuidadito con el General enojado! Ahí vengo, ¡escuchen mis pasos! ¡Me estoy enojando! Bueno, bueno… (vuelve al tono amable con una sonrisa) Está bien, ya estoy contento de nuevo… (Larga ovación en modo vocecita) Eeeehhhhh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! ¡Péee-rón, Péee-rón…! ¡Péee-rón, Péee-rón…! Eeeehhhhh… (Carraspea y vuelve al discurso) Quiero vacaciones para todos. Bien largas, bien lejos. Nada de ir a la casa de los primos acá a la vuelta, nada de ir al campito que esas no son vacaciones… El campito está vacío, la mitad de los chicos se fueron y no se puede armar partido…  ¡Unos tiritos al arco no son vacaciones! ¡De vacas nos vamos todos, si no no vale! ¡Y si es a la playa, mucho mejor! (Ovación en modo vocecita) Eeeehhhhh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! (Vuelta al discurso) Si me hacen caso y se portan bien, el General los va a ayudar con las tablas… Para que no se las olviden. Porque si se las olvidan y no llevan a sus hijos a veranear, ¡ellos se van a ir de vacaciones solos y no van a volver más! Entonces sus hijos se van a hacer grandes y aburridos y no van a saber jugar. ¡Lo único que van a guardar en un cajón son fotitos de nenes y nenas arriba de un burrito en un campito de fútbol vacío! (Ovación modo vocecita) Eeeehhhhh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! ¡Péee-rón, Péee-rón…! ¡Péee-rón, Péee-rón…! Eeeehhhhh… (Vuelta al discurso) Gracias… Gracias amigos y amigas de mi patria. ¡Gracias! ¡Los quiero mucho mucho! (Se retira del balcón haciendo la ovación en modo voecita) Eeeehhhhh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! Eeeehhhhh… ¡Péee-rón, Péee-rón…! Eeeehhhhh…

 

ESCENA DECIMOSEGUNDA – TOMASITO Y LA MADRE

 

Comedor de la casa. Tomasito con su cuaderno de clase abierto. La Madre ordena papeles.

TOMASITO

¿No puedo ir con vos? Te prometo que a la vuelta termino la tarea, toda toda.

LA MADRE

No. Después estás el domingo a la noche haciendo deberes a las apuradas.

TOMASITO

¿Vas a Monroe?

LA MADRE

Ya te dije. No te hagas el pavo.

TOMASITO

¿Y a la iglesia no vas?

LA MADRE

Hoy no es domingo. Dejá de preguntar lo que ya sabés.

TOMASITO

¿No te gusta hablar?

LA MADRE

Al divino botón, no.

TOMASITO

¿El divino botón es un santo?

LA MADRE

Sí, el santo del ojal…

Silencio.

TOMASITO

Máaaa… (Pausa) Cuando entrás a la iglesia, ¿por qué siempre le das un beso al pedacito de mármol ese?

LA MADRE

¿De qué hablás?

TOMASITO

Ese cuadradito gris donde está parada la señora con capa.

LA MADRE

No beso un pedacito de mármol: son los pies de la virgen.

TOMASITO

¿Y por qué le das un beso?

LA MADRE

Para agradecerle lo que tengo y pedirle lo que quiero.

TOMASITO

¿Y qué tenés?

LA MADRE

A vos te tengo… ¡A vos!

TOMASITO

¿Y qué le pedís?

LA MADRE

Que te dejes de escorchar.

TOMASITO

En serio, ¿qué le pedís?

LA MADRE

Que a tu padre no le falte el trabajo.

TOMASITO

Ah, qué viva… ¿Y qué sabés si papá quiere eso?

LA MADRE

¿No sabés los problemas que hay? ¿No te mostré en el noticiero a toda esa gente que pide trabajo?

TOMASITO

Pero eso era en la tele. La tele es de mentira.

LA MADRE

Ah, sí. Mirá vos…

TOMASITO

¿Y por qué querés que papá tenga trabajo?

LA MADRE

Para que no tenga que salir a la calle con toda esa gente pidiendo uno.

TOMASITO

¿Y para qué quieren un trabajo?

LA MADRE

(Con fastidio creciente) Para tener plata y comprar comida, para que sus hijos vayan a la escuela ¡y para que pregunten menos!

Silencio.

TOMASITO

¿Entonces si le das un beso a la virgen de mármol ella te da lo que le pedís?

LA MADRE

Si tenés fe y te portás bien, sí.

TOMASITO

¿Y por qué no le pedís plata en vez de trabajo, así no tenés que salir a la calle con toda esa gente que pide trabajo?

LA MADRE

Me estás cansando…

TOMASITO

Yo no voy a trabajar, nunca.

LA MADRE

¿No? ¿Y cómo vas a hacer para vivir?

TOMASITO

¿Qué, hay que trabajar para vivir?

LA MADRE

Y, de algo hay que vivir.

TOMASITO

Yo pensé que ya vivíamos, antes de trabajar.

LA MADRE

Cuando sos chico, no trabajás. Salvo los pobrecitos que tienen que salir a trabajar de chiquitos y ni siquiera pueden estudiar.

TOMASITO

¿Si voy a trabajar no voy al colegio? (Pausa. La madre suspira cansancio. Repentino entusiasmo de Tomasito) ¡Máaaaaaa!  No quiero ir más al cole. ¡Quiero trabajar!

LA MADRE

¿Ah, sí? ¿No era que no ibas a trabajar nunca?

TOMASITO

¡Ja! ¿Y si no trabajo, cómo vivo?

LA MADRE

Como hasta ahora.

TOMASITO

Ah… ¡Entonces se puede vivir sin trabajar!

LA MADRE

(Cansada del juego) Linyera. Hacete linyera.

TOMASITO

Mirá si me voy a hacer linyera, mamá. ¡No puedo! ¡Soy un nene!

LA MADRE

Que si sigue pensando así va a terminar de linyera, pidiendo para comer en cualquier esquina.

TOMASITO

A mí me gusta Monroe y Naón.

LA MADRE

Está bien… Ahora te separo unos trapos así te vas preparando. ¿Querés que te acompañe o vas solito?

TOMASITO

Mejor acompañame y vamos al mercadito.

LA MADRE

Mirá que tengo que ir a la farmacia también, y ahí se tarda mucho. Después no empieces con que estás cansado.

TOMASITO

Si estoy cansado, me aguanto. Vas a ver. (Silencio) Máaaa… (Pausa) ¿Puedo tomar la leche antes de ir?

LA MADRE

Andá, lavate las manos.

Tomasito sale de escena para ir al baño. Luego sale la madre, hacia la cocina. La escena en el comedor queda vacía de personas. Tras unos instantes se oyen unos golpes, es La Madre tocando a la puerta del baño. Se oyen las voces.

LA MADRE

¿Todavía estás ahí adentro? (Golpes en la puerta) ¿Tomasito?

TOMASITO

¡Ya va!

LA MADRE

¿Cuántas veces te tengo que decir que la puerta del baño no se cierra con llave?

TOMASITO

¿Para qué está la llave entonces?

LA MADRE

¡Para los grandes! (Golpes a la puerta) ¡Tomasito, salí! (Se oyen ruidos de cosas que caen al suelo dentro del baño) ¡Abrí la puerta!

TOMASITO

(Más ruidos) ¡Ya estoy, ya estoy!

LA MADRE

(Sacudiendo la puerta) ¡Abrí te digo!

Tomasito sale del baño y reaparece, junto a la madre, en el comedor.

LA MADRE

Te voy a dar, encerrándote en el baño…

TOMASITO

Uh, tanto lío por eso…

LA MADRE

Mirá que me das trabajo, eh…

TOMASITO

(Con subrepticia satisfacción y una sonrisa Gardeliana) ¿Viste qué bueno soy? Tan chiquito y te doy trabajo. Soy el Peroncito de la casa…

LA MADRE

Seguí, seguí con eso de Perón. Me gustaría saber quién te llena la cabeza de estupideces. ¡Perón no existe!

TOMASITO

(Jugando, en modo vocecita) Eeehhhhh… Eeehhhhh… ¡Péee-rón, Pée-rón! Amigos y amigas de mi Patria…

LA MADRE

Qué sabrás de Patria vos.

TOMASITO

(Abandonando el juego, se dirige a su madre) Canto Aurora todas las mañanas, cuando izan la bandera. Y pienso en Perón.

LA MADRE

¿Y encerrado en el baño? ¿Ahí también pensás en Perón?

TOMASITO

Para pensar en Perón hay que estar en lugares grandes, sin techo.

LA MADRE

(Con desprecio) Lugares grandes… Gran hijo de puta ese…

Silencio.

TOMASITO

¿Me compraste el jarabe? Me pica y no puedo dormir.

LA MADRE

Ahora vamos a la farmacia. (Pausa) Si te pasás el tiempo pensando en que te va a picar, te pica. Vos llamás a las cosas.

TOMASITO

Sin el jarabe me pica seguro.

LA MADRE

Acordate de lo que te dijo el médico… (dándose pequeños golpes en la sien) Es todo de acá.

TOMASITO

¡No puedo dejar de pensar, me pica!

LA MADRE

Esas mangas largas que llevás puestas te hacen picar. Con el calor que hace.

TOMASITO

Tengo los brazos mal…

LA MADRE

Después no te quejes porque te pica. (Silencio) ¿Sabés cuándo no vas a tener ni una marca? (Pausa) ¿Sabés? ¿O ya te olvidaste?

TOMASITO

Se me van a ir todas las marcas cuando me olvide un poco y deje de pensar. (Silencio) Yo no me olvido de nada. (Silencio) ¿Vamos?

LA MADRE

¿No querías tomar la leche antes?

TOMASITO

Se me fueron las ganas.

LA MADRE

No se puede salir sin tomar la leche, con el estómago vacío. ¿Querés debilitarte? ¿Querés quedarte en el hospital?

TOMASITO

Pero ponele azúcar.

LA MADRE

Tenés que parar con el azúcar. Se te va a llenar el estómago de bichos.

TOMASITO

Ufa, ¡al final no se puede nada!

LA MADRE

(Le alcanza el vaso de leche) Dale, apurate. (Sale)

Tomasito agarra el vaso de leche, toma aire, se tapa la nariz y -con gesto de asco- comienza a beber.

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