UN PERONCITO (CRÓNICA DE UN SÓLO NIÑO) – EPISODIO TRES

UN PERONCITO (CRÓNICA DE UN SÓLO NIÑO)

TEMPORADA ÚNICA, EPISODIO TRES

PERSONAJES: 

Tomás – Tomasito

El General

La Madre – Juana – Enfermera

El Padre – Mario

Avelino

Dr. Gaetti

Niño 1

Niño 2

Niño 3

 

 

NOTA PRELIMINAR AL EPISODIO TRES

 

Tengo un par de zapatillas marrones, marca Puma. Son las que uso siempre. Me las saco sin desatar los cordones. Me las calzo de igual modo. Es un ejercicio que se me hizo hábito a partir de mis siempre crecientes limitaciones físicas. Así como aprendí a ponerme las medias como me las pongo, di también con mi propio modo de sacarme y ponerme las zapatillas. El modo más confortable.

Las gasto en los talones de manera asimétrica. Eventualmente florece un agujero del lado de afuera de cada pie. Hablo de las Puma marrones, que acaban de llegar a ese estadio. Di cuenta de ello hace un par de semanas, un día de lluvia en Barcelona. Previo a la mojadura, percibí un sutil tufillo a descomposición subiendo por mi cuerpo desde alguna parte del mundo. La humedad atravesó la suela por el hasta entonces inadvertido orificio, llegó a la media y -desde allí- al mismísimo pie izquierdo. Había sido una jornada de las más viejas que yo recuerdo: las de recorrida por hospitales. Turnos, esperas, estudios, sesudos dioses de delantal. Nada ha cambiado fuera de mí, alucinado siempre viví. La salud se asemeja mucho a la muerte: es una ilusión que pareciera no llegar nunca.

Tengo otros calzados, pero las zapas marrones están siempre ahí, al costado de la puerta. Y las uso. Me las saco al entrar a casa, para calzarme unas pantuflas. Y me las pongo con frecuencia decreciente, toda vez que salgo a hacer algo inescapable que, un buen día, abandonaré. Ahí y entonces, también voy a nacer; de acuerdo a mi destino.

 

 

ESCENA SÉPTIMA – TOMÁS Y TOMASITO

 

Tomasito juega a las figuritas. Tomás, con el mismo traje militar de la escena primera, mira al horizonte. Están en el balcón de la casa.

TOMASITO

¿Me alcanzás la figurita de Luque, porfa?

TOMÁS

(Baja su mirada al suelo para buscar la figurita; agarra una) ¿Esta? Pausa. ¿Sos de River?

TOMASITO

No soy de ninguno.

TOMÁS

¿Te gusta el fútbol o no?

TOMASITO

Sí, ¡más bien!

TOMÁS

¿Y desde cuándo te puede gustar el fútbol sin ser hincha de ningún cuadro?

TOMASITO

Ay ay ay… ¿Me viste cara de tonto?

TOMÁS

Para nada. Más bien tenés pinta de atorrante. Decime de qué cuadro sos, no me voy a enojar. Yo soy de San Lorenzo.

TOMASITO

Yo de ninguno.

TOMÁS

¡Decime! Te juro que no te voy a cargar, ni aunque seas de Huracán.

TOMASITO

¿Vos no jugás a las fichus?

TOMÁS

(Tomás agarra algunas figuritas y comienzan a jugar) Tenés cara de bostero… ¡Sos de Boca!

TOMASITO

Sos de San Lorenzo… ¿Y qué ganás? A la larga o a la corta San Lorenzo va a perder y te ponés triste. Pausa. Y eso es para siempre, no pensás nada más.

TOMÁS

Es verdad que ganamos poco, ¡pero no seas tan amargo! No serás de River, ¿no?

TOMASITO

¡Te dije que no soy de ninguno! ¿Qué hablo, en chino?

TOMÁS

Más bien parece castellano. Argentino.

TOMASITO

Yo no soy de ningún cuadro para no amargarme. Pausa. Soy del que gana. Juego a ser del que gana, así me pongo siempre contento con el fútbol, ¿entendés? Hasta juntar fichus se me hace más lindo; cualquiera que venga en el paquete, sea del cuadro que sea, sea la de un tronco o la de uno bueno, me pongo contento.

TOMÁS

¿Y los amigos? ¿No te dicen que sos un vendido?

TOMASITO

A mis amigos los imagino como quiero. Los hago cambiar de cuadro todo el tiempo también.

TOMÁS

No hablo de amigos imaginarios, hablo de los de verdad. ¿No te cargan?

TOMASITO

¿Amigos de verdad? ¿Amigos de mentira? Todas mis cosas son de verdad.

TOMÁS

A mí no me engañás. ¿Te pensás que nací ayer?

TOMASITO

(Lo mira por primera vez) Y… Ayer no. Tenés pinta de viejito…

TOMÁS

Pará la mano, tampoco soy un jovato.

TOMASITO

¿Sabés qué? Soy del mismo cuadro que vos. Somos de Platense. (Le da una figurita a Tomás) Te toca a vos. Y no estires tanto el brazo que los tenés muy largos, mulero.

 

 

ESCENA OCTAVA – EL PADRE Y LA MADRE

 

Comedor de la casa. Desayuno. La madre viste un deshabille viejo y gastado.

EL PADRE

¿Todavía no trajo el diario este pelotudo?

LA MADRE

Hasta las diez nunca lo trae…

EL PADRE

Estoy podrido de decirle que lo quiero acá antes de irme, sabe bien que a las ocho ya no estoy. Me ve pasar por la esquina, todos los días.

LA MADRE

Cuando pasás por la esquina parás un segundo, le pedís el diario y te lo llevás.

EL PADRE

Voy a hablar con el padre del tarado ese. Treinta años trabajó como un negro. A las cinco de la mañana, en invierno, el puesto ya estaba abierto. Siempre. Jamás dejó de llevarle el diario a nadie. Hasta que lo hizo laburar al vago este. Abre cuando quiere y cierra antes de la una. No entrega un solo diario a tiempo y cuando te ve pasar, se hace el canchero. Le pegaría un sopapo que le daría vuelta la cara…

LA MADRE

Agarrá el diario vos mismo, cuando te vas a trabajar; y decile que no lo traiga más. Yo ni lo miro y queda todo el día acá, al divino botón. Pausa. Llegás a la noche y en vez de mirar el noticiero te ponés a leer el diario, que ya es viejo. O peor, lo leés al otro día. No sé para qué está la radio.

EL PADRE

La radio la ponés vos. Yo esa radio no la escucho. Aparte, en el auto estoy todo el día con la radio prendida, ya me pudren las vocecitas esas. Por mí, ni la enciendas.

LA MADRE

Tomá el café que se enfría…

EL PADRE

Está que pela. Otra vez dejaste hervir el agua. Café quemado. Y dos criollitas, todo lo que me das antes de salir. Pausa. Después te quejás si te digo que paré a media mañana para desayunar…

LA MADRE

Si hago tostadas, decís que están quemadas. Nada te viene bien. Te levantás con ese humor de perros.

EL PADRE

Ah, porque vos sos un capullo. Pausa. A los vagos de tus hijos todo: facturas y manteca. ¡Margarina no! A ver si les da acidez. Mermelada, dulce de leche, té o mate cocido. Menú abierto para los críos. Para el burro, agua sucia y galletitas de agua.

LA MADRE

¿Cuándo vas a hablarle bien al chiquito?

EL PADRE

(La mira) ¿Cómo cuándo voy a hablarle bien? Pausa. ¿No le hablo acaso?

LA MADRE

Le gruñís.

EL PADRE

El mudo quiere conversación…

LA MADRE

Ese mudo es tu hijo.

EL PADRE

Dicen las malas lenguas.

LA MADRE

Linda lengua la tuya.

EL PADRE

Al menos no soy como vos, que los volvés locos. A los dos. Cualquier cosa que les digo, vos me hacés la contra. ¿Cómo van a hacer las cosas bien si no hay quien los mande? Les llenás la cabeza en contra mío cada vez que no estoy, los apañás. ¿Qué querés que haga yo entonces? Encima me acusás de malos tratos. Qué podría decir yo… Pausa. Los mantengo a todos y me tienen como a un preso.

LA MADRE

Tenés que ir al colegio, a la reunión de padres. Avelino me dijo que tenés que ir, está cansado de que carguen a su hermano.

EL PADRE

¿Y yo qué tengo que ver?

LA MADRE

Si hablaras con él, te enterarías.

EL PADRE

No te hagas la misteriosa y contame. Qué problema tiene el maricón ese ahora. Pausa. Vos sos la que lo está arruinando, igual que arruinaste al otro. Era un fenómeno. Pero desde que me apartaste y empezaste a tomar las decisiones vos, va de mal en peor. Si no agarro el volante yo…

LA MADRE

No cambies de tema. Andá a la reunión de padres. Tanto que lo alababas, que era una luz, un bocho. Pero no querés ir a una simple reunión de padres para dar la cara.

EL PADRE

No me gusta perder el tiempo. ¿Te parece que puedo tener ganas de parar de trabajar para ir ahí y escuchar pelotudeces? Pausa. Reunión de padres… En mi época no existía nada de eso y todo andaba derechito. Noveleros… Pagamos la cooperadora, ya está. Qué más quieren.

LA MADRE

¿Querés un mate?

EL PADRE

(La mira) ¿Mate a esta hora? Ni bien me levanto lo único que tolero es el café. O todavía no sabés.

Silencio.

LA MADRE

Es el miércoles, once y media. Así que podés volverte al mediodía con Avelino. Preparo una milanesas.

EL PADRE

Un dulce al perro que hizo la gracia. (Sale de escena. Grita a la distancia) ¿Otra vez un sifón vacío en la heladera? ¿Quién es el pelotudo que enfría envases?

LA MADRE

(Sola en la escena) Qué manía la de guardar cosas que ya no nos sirven.

EL PADRE

(Su voz, a la distancia) Ni un vaso de soda fría después del café se puede tomar. Café… Mirá que soy generoso…

LA MADRE

(Sola en la escena) Conservamos hasta lo que no sabemos qué es.

EL PADRE

(Retorna a escena) Pará de murmurar y andá a vestirte, ¿o pensás quedarte así toda la vida?

LA MADRE

Nunca escuchás. Pausa. Es como guardar plata y después no tener qué comprar. Todos los negocios del mundo cierran cuando nos disponemos a gastar eso que guardamos. (Silencio. Se miran) Guardamos por miedo. Guardamos el miedo, en esos cajones que no abrimos nunca, los de abajo de todo. Una ya no tiene ganas de arrodillarse y buscar. Nos arrastramos toda la vida pero arrodillarse para ver qué hay, ¡jamás! Guardamos ahí lo que no queremos ver. Lo conservamos, no hay coraje suficiente para tirar. Te da una estúpida sensación de seguridad saber que todavía está ahí. Por si acaso. Hablamos con los muertos, los consultamos, les pedimos cosas. Esperamos una respuesta. ¡Y la escuchamos! ¡Nos hablan los trapos viejos!

EL PADRE

Escuchame, trastornada. Si querés decirme algo no des más vueltas, hablá claro. Por esto pasa lo que pasa con esos dos. Que reunión de padres, que los cargan, que no quiere salir a la calle, que tengo miedo. Pausa. Vos les metés esas ideas raras en la cabeza. Van a terminar mal de tanto teleteatro. Vos seguí, dale… Contradecime, llenales la cabeza de basura… Ya vas a ver cómo termina. Después no vengas a decir nada. No tengo nada que ver con lo que pase.

LA MADRE

(Desencajada) ¡Andate de una vez que no aguanto más! Pausa. Recogé tu bendito diario y andate por ahí que ya me torturaste bastante.

EL PADRE

No te preocupes que Camps ya se va… Pausa. Andá a cobijar a esos maricones, en especial a tu protegido… ¡Y el diario no lo busco un carajo! O te pensás que me voy a pasear, que ahora voy y paro en Palermo a descansar. Si querés manejo leyendo, prendo la radio, canto un tango, entretengo al pasajero, gano la moneda, todo junto… Si hago bien las monerías, por ahí hay un poco de vino en la cena. Común, eh. Porque para la basura de la Coca Cola puede haber, pero para un vino más o menos… No vaya a ser que el burro reciba  lo que para el burro no es.

Silencio.

LA MADRE

¿Qué le digo a Avelino? ¿Vas o no a la reunión de padres?

EL PADRE

No voy un carajo. Es de padres y/o madres, así que puede ir el padre y/o la madre. La madre tiene más tiempo que el padre. Va la madre. Y que se dejen de joder.

LA MADRE

Está bien. Que le sigan diciendo que el Padre es el padre entonces…

EL PADRE

¿Qué querés que digan? ¿Que el padre es la madre?

LA MADRE

El Padre Vicente…

EL PADRE

(La interrumpe) No me hables del chupa-cirio ese. Va a ese colegio por capricho tuyo. Si te sale mal no me hago cargo. No llores la carta cuando sea tarde.

LA MADRE

Lo cargan. Es al único que no se le conoce el padre. Le dicen que es hijo del cura. ¿Me oís?

EL PADRE

(Suelta una carcajada) ¿Algo más?

LA MADRE

Quiero que vayas a la reunión así el chico se queda tranquilo.

EL PADRE

(Endurece el gesto) Te hablo de lo otro.

LA MADRE

No hay otro.

EL PADRE

Degenerado. Pausa. Por ahí es verdad. Insistís tanto para que vaya a ese colegio de mierda…

LA MADRE

No digas más pavadas, querés. Pausa. ¿Me hacés el favor o no?

EL PADRE

¿Reunión de maridos no hay? Por ahí te están cargando a vos también: “¡ahí va la madre del hijo del cura!”

LA MADRE

Bajá la voz que vas a despertar al chico.

EL PADRE

¿Cómo que se va a despertar? ¿Faltó otra vez?

LA MADRE

Ayer se pasó la tarde llorando, por la inyección. Le prometí que si paraba de llorar no lo mandaba al colegio.

EL PADRE

¿Ves cómo sos? ¿Te das cuenta del mal que hacés?

LA MADRE

Querer que tu hijo pare de llorar no es hacer mal.

EL PADRE

Sí es.

LA MADRE

¿Sí? ¿Qué clase de padre quiere ver sufrir a sus hijos?

EL PADRE

Sufren por culpa tuya. ¡Dejalos llorar! ¿Te acordás lo que dijo el pediatra aquel cuando nació el primero? “Si llora, déjenlo llorar hasta que se canse. Se va a agotar, se va a quedar dormido y de paso se le agrandan los pulmones.”

LA MADRE

Animales como vos esos médicos.

EL PADRE

¿Sí? (La mira fijo) El animal se cansó. No aguanta más que le digan todo el tiempo que todo lo que hace está mal. Me harté de escuchar que le hago mal a tus hijos. Todos los días, me voy a trabajar amargado para volver a la noche y amargarme un poco más antes de ir a dormir. Sí: ¡dormir! Porque otra cosa no puede hacerse en la cama a esta altura. Tiempo de mentiras. Tenés más excusas que tus hijos llanto, en especial el mocoso.

LA MADRE

Si te parece que no tiene motivos para llorar…

EL PADRE

Vos le hacés sentir que tiene mil motivos. En eso sí que sos buena.

LA MADRE

Y de lo otro, no sé por qué te quejás. ¿Qué querés, que tenga otro lloroncito? Porque a la hora de la calentura no te fijás en nada, vas y hacés como bestia. Ningún recaudo es suficiente con animales como vos. (Silencio, se miran) ¿Querés? ¿Otro lloroncito? Dale, dale que ahora me calenté yo, la que no sirve para nada. ¿Te caliento como antes? ¿O ya no? ¿Estás acabado, gran macho? A ver, dale… Cogeme bien cogida, ¡dale! ¿O es que hay otra puta por ahí? ¿Es eso? ¿Dónde? ¿Flores, Floresta? Es eso lo que te calienta, ¿no? ¿Querés una puta? Descargá, descargá toda esa mierda conmigo de una buena vez, ¡dale!

De súbito la tensión se desató en un intercambio sexual áspero; pierden el aliento arriba de la mesa; en medio del acto ella intenta que el mismo sea lo más silencioso posible. El asunto tiene la virulencia de lo breve. Se acaba abruptamente, tal como hubo comenzado. El padre se acomoda la ropa, ajusta el cinturón, se dispone a partir.

EL PADRE

Chau.

LA MADRE

(Chista y habla tenuemente, para no hacer ruido) ¡Psssssst, ey! ¿Vas a la reunión entonces?

EL PADRE

(Fuera de escena) No.

 

 

ESCENA NOVENA – TOMÁS Y TOMASITO

 

 

Al igual que en la escena séptima, balcón de la casa. Ambos sentados en el suelo frente a la baranda, mirando hacia la calle. Tomás en su traje militar.

TOMASITO

Bien Vélez, eh.

TOMÁS

¿Vélez? ¿Te hizo mal el sol?

TOMASITO

Acá no llega el sol. Hace mucho que no lo veo.

TOMÁS

Dicen que no está más. Que se lo imaginó otro y se fue sin avisar.

TOMASITO

Mamá dice que el sol me hace bien. Pero tengo que usar anteojos cuando salgo a la calle. Me hace bien pero no me lo dejan ver.

TOMÁS

(Se ríe) Así que chicato… ¡Pero con los anteojos ves mejor!

TOMASITO

No, no… Son de esos anteojos que no te dejan ver nada, los oscuros. Cuando los usás se hace como de noche. Las cosas se ponen triste. Se llaman anteojos de sol.

TOMÁS

Todas las cosas se ponen de noche. Se pone el sol, se pone triste… Cuanto más ves y menos mirás, más triste te ponés.

TOMASITO

Mamá se pone triste. Si la mirás fijo a los ojos y te ponés serio, sus ojos se ponen re-claritos y se ve mucha tristeza.

TOMÁS

Los ojos de tu mamá deben ser como los de la mía entonces. Cuando era chiquito y la miraba, tan claros se le ponían que parecían espejos.

TOMASITO

¿Cómo es tu mamá?

TOMÁS

(La mirada perdida en la lejanía) Medio bajita, pelo corto. Parece cansada y triste casi todo el tiempo. Como cuando se termina un cumpleaños.

TOMASITO

Una vez fui al cumple de un amigo de jardín. Hace muuuuuuuuuucho muuuuuuuuuuucho. Cuando terminó, nos dieron caramelos en una bolsita así de chiquitita.

TOMÁS

Cuando termina el cumple, todos se van tristes. Sin embargo la tristeza también se queda en la casa. Como que no se la llevan toda. (Silencio. Siempre con la mirada perdida en el horizonte) Una vez me festejaron el cumpleaños. Cuando la gente se va, al final, sentís que todo se terminó, y que no vuelve más. Como si algo hubiese quedado sin hacer. Sentís que algo más debió haber sucedido, pero no. Porque hay algo que nunca ocurre. Silencio. Si la veo a mamá ahora, está limpiando la casa después de la fiesta, una vez que se fue toda la gente. Siente que hubiese sido mejor no haberla hecho, de haber sabido que todo terminaría así.

TOMASITO

(Mira a Tomás, lo conforta tomándole el hombro) No te pongas triste, amigo. Silencio. ¿Puedo hacerte una pregunta?

TOMÁS

(Sale del trance y mira a Tomasito) Para qué están los amigos si no.

TOMASITO

¿Qué hacés cuando no te podés dormir? (Silencio. Se miran a los ojos) No me gusta ir a dormir. Pero me obligan y me meto en la cama. No duermo. Es feo. Aburrido. Mamá me dijo que cuente ovejitas. Yo las imagino y empiezo a contarlas. Pero me pierdo, me pongo nervioso y no me puedo dormir. ¿Cuándo nos quedamos dormidos? ¿Al llegar a cien? Porque a los treinta o cuarenta me pierdo y vuelvo a empezar. Nunca llego a cien.

TOMÁS

Yo también conté ovejitas. Pero un día mamá dijo que también podía contar ratones, gatitos, cualquier cosa. Entonces, como todo daba lo mismo, empecé a contar. Nada más. Números. Es como que si decís un número detrás del otro, dejás de pensar y podés quedarte dormido, ¿entendés? Ovejas, perros, números… Qué importa. La cuestión es distraerse y quedarse dormido de puro cansancio. (Sielncio. Vuelve a perder la vista en la lejanía) Después me enseñaron a rezar, el padrenuestro. (Silencio) Muchas veces no me dormía aunque rezara toda la noche. Pero me acostumbré y seguí haciéndolo. Empecé a pedir cosas (Sale de la abstracción, mira a Tomasito y le sonríe con amplitud y complicidad) Pedía que ganara San Lorenzo.

TOMASITO

(Cómplice) ¡Qué gilastrún! ¡Si vos sos de Lanús! ¡Tenías que pedir que gane Lanús!

TOMÁS

(Ambos se ríen) ¡Cierto, de Lanús! No ganábamos casi nunca pero cuando rezaba sentía que había hecho los deberes, ¿entendés? Si perdíamos no sentía culpa, ¡yo había rezado!

TOMASITO

Mamá dice que si hago los deberes es un milagro (Ríen. Pausa) ¿Seguís rezando?

TOMÁS

Ya casi no… A veces me siento tan mal por no poder dormir que hago cualquier cosa para distraerme, entonces… Pausa. Igual sigo pensando. En eso… Siempre pienso en lo mismo, esa otra cosa de la que debería pensar.

TOMASITO

(Lo mira y vuelve a agarrarlo del hombro) ¿Sabés una cosa? Pausa. ¡No entiendo nada! (Se ríen) Mamá dice que ya voy a entender, cuando sea grande… (Se ríen)

TOMÁS

¿Eso te dice? ¡Ahora entiendo! (Se ríen a carcajadas)

TOMASITO

¿Querés un Sugus? Son de ananá.

TOMÁS

(Agarra el caramelo y entra en un nuevo trance, se pierde en un juego íntimo, comienza a hablar casi sin abrir la boca como un mal ventrílocuo) Ananaaaase… Ananananasssseeee… Ananananananassssseeeeee. Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee…

TOMASITO

(Puro entusiasmo) ¿Qué es eso? ¡¡¡Está buenísimo!!!

TOMÁS

Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee…

TOMASITO y TOMÁS

(En un feliz unísono de complicidad) Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… (Risas, carcajadas) Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee…

TOMÁS

(En un alto de plena felicidad) Así le decía a mi viejo y a mi vieja cuando era chico, tratando de no mover la boca. ¡Se ponían locos! ¡Me decían de todo! Que era un tarado que hablaba solo.

TOMASITO

A mí me dicen lo mismo cuando juego, que hablo solo. ¡Pero nunca hablo solo! (Lo mira a Tomás) ¿Hablo solo?

TOMÁS

¡Conmigo! ¿Hablo solo?

TOMASITO

¡Conmigo, amigo! (Vuelven las carcajadas irresistibles y el habla de falsos ventrílocuos) Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee…

(Risas y más risas, hasta que logran pausarlas en medio de jadeos)

TOMÁS

Nadie habla solo. Ni cuando rezás números para quedarte dormido. Siempre hablás con alguien, ¡pero eso lo sabe solamente uno!

TOMASITO

(Con súbita seriedad) Amigo, amigo… Quiero decirte algo importante. Escuchame bien…

TOMÁS

(Serio) Soy dos oídos.

TOMASITO

(Modo ventrílocuo) Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee…

Carcajadas. Continúan al unísono.

TOMASITO y TOMÁS

(A boca casi cerrada y risa abierta) Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee… Ananassssssssseeee… Ananasssssssssseee…

 

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