UN PERONCITO (CRÓNICA DE UN SÓLO NIÑO) – EPISODIO DOS

UN PERONCITO (CRÓNICA DE UN SÓLO NIÑO)

TEMPORADA ÚNICA, EPISODIO DOS

PERSONAJES: 

Tomás – Tomasito

El General

La Madre – Juana – Enfermera

El Padre – Mario

Avelino

Dr. Gaetti

Niño 1

Niño 2

Niño 3

 

 

NOTA PRELIMINAR AL EPISODIO DOS

 

Hace unos pocos días, las primeras nieves comenzaron a blanquear esas cimas que alcanzo a ver desde mi ventana. El frío, en el cuerpo, pudo ser sentido recién dos días más tarde. Ayer fue un día definitivamente destemplado, ni hablar de la noche. Llovió mucho y el agua bajaba de las montañas en forma de bruma. Las moles de roca y todo lo que sobre ellas nace se dibujaba y desdibujaba alternativamente. Hoy hay un sol que, aún tímido, se esconde apenas de a ratitos. En este mismo momento desnuda a las montañas en sus pliegues. Verde y sombra.

No sé bien si eso que veo por la ventana es lo que llaman Picos de Europa. Me rehuso a salir de la incerteza recurriendo a Google. Aquello que ven mis ojos puede permanecer sin un nombre dado. Es más, no saber bien este tipo de asuntos me resulta esencial. Me aleja un poquito de la muerte. Me demora. Prefiero buscar certeza en las emociones. Hoy por hoy, si querés recibir correo necesitás comprar algo. A eso hemos llegado.

Arremete un pensamiento verde: es el mate harto lavado que, promediando las reuniones en la casa de Marcelo, nos hermanaba. Todos nos tomábamos unos cuantos mates ya horribles como rito de consanguinidad, sin chistar. Piedra desnuda, en verde, de sombra, variación de marrones. Puedo ver el mate desde mi ventana. Los rayos suaves se preparan para ir a la cama en una caricia. Ernesto, Paulita, Maya, Vero, Marcelo. Nieva afecto en las ajadas cimas de mi corazón.

 

ESCENA CUARTA – TOMASITO Y AVELINO

 

Habitación de ambos. La cama de Tomasito está abierta -fuera del cajón donde se guarda-, paralela a la de su hermano. Avelino está acostado, lee una revista. Tomasito en su mundo de juegos, sentado al pie de la cama.

TOMASITO

(Tono vocecita, que es como la miniaturización de un relator de fútbol y de las alocuciones de publicidad radiofónica) Lleva la pelota Jiménez que la pasa para Gutiérrez, centro a la olla cabezazo-oooooooooool, gooooooooooool de Villa Urquizaaaaaaa, otra vez el loco Gutiérrez de cabeza, ¡qué cabezón este Guitérrez! Urquiza dos, Coghlan cero, Guitérrez a los once del segundo…

AVELINO

¡Shhhhh! Hablá bajo que me pierdo.

TOMASITO

(Abandona el tono vocecita) No te pierdas, que estás en casa.

AVELINO

Dejate de hinchar. Andá a dormir que va a volver papá y si te ve ahí sentado se va a enojar.

TOMASITO

Che, ¿vos fuiste de excursión con el cole?

AVELINO

(No despega la vista de su lectura, responde como sin prestar atención) Hace mucho.

TOMASITO

¿Adónde fueron?

AVELINO

A la ciudad de los niños.

TOMASITO

¡Igual que nosotros mañana! (Pausa) ¿No hay otro lugar, que a todos nos llevan al mismo lado? ¡Qué aburrido!

AVELINO

Vas a ver que está bueno. Todas las cosas son chiquitas. Las casas, las calles… (Deja la revista sobre su cama y mira a su hermano por primera vez) Yo me imaginaba que vivían enanitos.

TOMASITO

Te imaginaste mal, porque entonces tendría que ser la ciudad de los enanitos, no la de los niños.

AVELINO

(Abstraído, con la mirada perdida en el techo) ¿No te gusta imaginar cosas? (Silencio) Así, como soñar despierto.

TOMASITO

A veces me imagino que soy otro.

AVELINO

No, no digo eso… (Pausa) No podés ser otro.

TOMASITO

¿Por?

AVELINO

Podés pensar cualquier cosa, imaginarte lo que quieras, pero siempre vas a ser vos mismo: el que piensa. El que imagina. (Pausa) Pensándolo bien, no está muy bueno…

TOMASITO

¿Imaginar lo que querés?

AVELINO

No, no. Eso de no poder ser otro… (Pausa) Escuchá: vos podés pensar lo que sea. Podés imaginarte mejor, peor… Distinto del que sos. Pero siempre vas a ser vos. Podés ver un montón de lugares adentro de tu cabeza… Imaginarte que alguien que pasa por la calle est tu papá, tu mamá, tu hermano, tu primo. Lo que quieras. Sos dueño de lo que tenés en la cabeza. Pero no sos dueño de vos mismo. Podés mantener todas esas fantasías, y también las podés matar, alejarlas de tu cabeza. Pero a vos mismo no: vos sos el de siempre, para siempre. Ese que piensa e imagina todo lo demás.

TOMASITO

Es cierto: hay gente que se mata. Lo vi en la tele.

AVELINO

¿Qué decís? ¿Quién habló de morirse? Yo dije cambiar, ser otro.

TOMASITO

¿Y eso no es lo mismo que morirse?

AVELINO

(Chista) Nada que ver… Si te morís no podés pensar, no podés imaginar nada más. Es mucho peor.

Silencio.

TOMASITO

¿Si te morís no pensás más?

AVELINO

No pensás, no respirás… Nada.

TOMASITO

(Se ríe) ¡Me estás cargando! ¿Cómo vas a dejar de pensar? (Pausa) Si hasta cuando duermo estoy pensando. Como despierto, viste. Pero dormido. Escucho música, grito goles. ¡Todo! Cuando te morís, no dejás de pensar. ¡No se puede! Te vas al cielo y pensás todo el día.

AVELINO

¿Vos escuchás música cuando dormís? Gritar goles sí, te sentí un montón de veces… Goles de esa murga de la que sos hincha, sólo en sueños hacen goles.

TOMASITO

(Jugando a enojarse) ¿Murga? ¿Dijiste murga?

AVELINO

San-lo-ren-zo.

TOMASITO

Si yo no soy de San Lorenzo… Ahora soy de Racing. Yo soy del que gana.

AVELINO

Entonces buscate otro cuadro, esos también ganan salteado…

TOMASITO

¿Te acordás de cuando fuimos a la cancha con el abuelo? ¿Quiénes jugaban?

AVELINO

San Lorenzo – Unión. El bobo del abuelo nos llevó a la tribuna de Unión. Ni uno de los tres goles pudimos gritar. Bah: vos no pudiste, que sos de San Lorenzo.

TOMASITO

¿Ves? Ese día sí era de San Lorenzo. Y justo el día que era de San Lorenzo no lo podía decir porque estábamos en la tribuna de Unión. ¡Me guardé la bandera que me había hecho la abuela en el bolsillo, todo el partido! Si uno de Unión me la veía, ¡me mataba! (Silencio) Che, Avelino… ¿Y por qué papá no nos llevó nunca a la cancha? Siempre que fui, fui con el abuelo. O con el padrino.

AVELINO

Qué sé yo. A papá no le gusta mucho el fútbol, viste…

TOMASITO

A la plaza tampoco. ¿Por qué nunca me lleva a la plaza? (Silencio. Avelino no responde) Ni al circo.  Al único lugar que nos lleva papá es a las inyecciones, con el auto. O al colegio, cuando es invierno y hace frío.

AVELINO

Pedile. Pedile que te lleve. A la cancha no, pero pedí que te lleve a la plaza. ¡O mejor al zoológico, que esta buenísimo! Podría quedarme a vivir con los gorilas…

TOMASITO

No, no voy a poder…

AVELINO

Sí que podés. Por ahí no te animás…

TOMASITO

No quiero.

AVELINO

Pensé que querías ir a esos lugares con papá.

TOMASITO

Nunca me lo imagino a papá.

AVELINO

¿Llevándote a la cancha o a la plaza?

TOMASITO

Nunca me lo imagino. Salvo cuando lo veo y me reta. O cuando está con mamá, cuando tose. Ahí lo veo. Pero no puedo verlo cuando no está.

AVELINO

Qué piola, yo tampoco puedo verlo cuando no está.

TOMASITO

Pienso cosas todo el tiempo, todo el tiempo. Pero a él no puedo verlo si no está en casa. (Silencio prolongado) Entonces cuando nos morimos no pensamos más, ¿no? ¿Es verdad eso?

AVELINO

(Se incorpora) Acostate, dale. Que va a llegar y te va a encontrar despierto. (Tomasito se acuesta y se tapa hasta la cabeza, Avelino se acuesta y agarra la revista) Callate un poco que quiero leer.

 

ESCENA QUINTA – TOMASITO, luego LA MADRE

 

Balcón de la casa familiar. Tomasito muerde la parte superior de un lápiz, tiene un cuaderno abierto. Su voz sale aguda y chillona; imposta el relato radial de un partido de fútbol. Es el tono vocecita que utiliza cuando transita su mundo de juegos, la misma del comienzo de la escena anterior. Al lado del cuaderno abierto hay un reloj despertador antiguo.

TOMASITO

Cinco minut… Im-pre-sio… ¡No se puede creer! Sorpresa y de visit… ¡Golazo….!

Entra la madre al balcón con ropa limpia en sus brazos. Va a colgarla en un pequeño tendedero.

LA MADRE

¡Shhhhh! Que son las tres menos cuarto y la gente duerme la siesta. ¡Pará un poco con ese chillido!

Tomasito interrumpe el relato pero sigue con la mirada perdida en su cuaderno, tirado boca abajo sobre el suelo del balcón. Silencio. La madre cuelga la ropa.

TOMASITO

Má… (Pausa) ¿Por qué no pasa el 107 hoy?

LA MADRE

Pasa. Pero menos. Es domingo y pasan menos colectivos. La gente no trabaja y el servicio es menos frecuente.

Pausa.

TOMASITO

Si la gente no trabaja, ¿el colectivero maneja gratis?

LA MADRE

No seas pavo. El general de la gente no trabaja.

TOMASITO

¿El General? El General no trabaja, ¡manda!

LA MADRE

De qué hablás… ¿Qué general?

TOMASITO

(Ahora mira a la madre) ¡Perón! Perón no trabaja… (Pausa) Si yo soy Perón no trabajo ni loco. Los mando, a todos… ¡Soy Perón! Mi trabajo es mandar a todo el mundo.

LA MADRE

Cada quien hace lo suyo. Los trabajos son así. Unos mandan, otros obedecen. Unos trabajan los sábados y los domingos…

TOMASITO

¿Y entonces por qué no viene el 107? ¡Si no hay colectivos, Mercedes Benz va a perder todos los partidos! Es un muy buen equipo. Pero todos los goles los mete de colectivo, el 107. (Pausa) Hay dos 107 que no son Mercedes Benz. Son Chevrolet. Pero Chevrolet se las arregla igual, hay autos Chevrolet. Mercedes Benz, si no pasa el 107, no mete ni un gol. ¿Quién tiene un auto Mercedes Benz?

LA MADRE

(Termina de colgar la ropa y observa a Tomasito y sus cosas) ¡¿Otra vez con el reloj de la abuela?! (Levanta el reloj del suelo) ¡Te dije mil veces que no lo toques! Un día se te va a caer a la calle.

TOMASITO

Es el único reloj que tiene segundero, ¿cómo controlo el tiempo de los partidos sin el reloj de la abuela?

LA MADRE

Vos y ese jueguito me van a volver loca. ¡La vocecita esa!

TOMASITO

¡Mirá má, un 107! ¡Un 107! (Retoma la vocecita) ¡Gooooooooooooooooool, ahora sí que sí! ¡Gooooooooooooooooool de Merced…!

LA MADRE

Basta, ¡metete adentro te digo! Que es el único día que la gente tiene para descansar…

TOMASITO

(Interrumpe el relato y la vocecita) ¿Ah, sí? ¿Y los colectiveros? ¿Quién piensa en los colectiveros? Ese que manejaba el 107 que pasó recién estaba trabajando y es domingo…

LA MADRE

(Levanta del brazo a Tomasito, quien manotea el cuaderno, como protegiéndolo. La madre se lleva al niño y lo mete al interior del departamento) Shhhhh… Que vas a despertar a tu padre…

 

ESCENA SEXTA – TOMASITO

 

El niño viste un viejo traje militar. Está solo en el balcón, perdido en su juego habitual. Cuaderno abierto, a un costado el viejo reloj despertador, lápiz en mano… Hace la vocecita del relato radial que, de súbito, interrumpe. Se pone de pie y toma un tono declamatorio. Le habla a una multitud imaginaria desde el balcón de su casa. Debajo, su propia Plaza de Mayo.

TOMASITO

¡Amigos…! ¡Amigas! Compañeros de mi vida… (Pausa) Esta vez los llamé para decirles que no tenemos que trabajar los domingos… De ahora en más los colectivos, los domingos, los manejarán robots. Robots hechos igualitos a mí… Perfectos. Para que no digan que nosotros, los generales de la patriaaaaaaa, nos la pasamos mandando y no trabajamos… (Pausa) ¡Queda totalmente prohibido dormir la siesta! Si no trabajan, ¡hagan algo! Juguemos a la pelota, ¡al campeonato de coches! ¡Pero hagamos algo, por favor! ¿O para qué les doy el domingo? ¿Para que no dejen jugar a sus criaturas porque se despiertan los vecinos? Si van a dormir… Si van a dormir, ¡yo digo que no! Porque para eso los mando a trabajar, ¡para no dormir! Porque si veo que se van a dormir, ¡los mando a trabajar! Este es un país que tiene todo porque me tiene a mí, el General Perón… El que todo lo puede, ¡el que se cura de lo ustedes no pueden curarse! (De súbito, abandona el tono declamatorio y, por unos instantes, vuelve al tono vocecita para simular la ovación de una multitud) ¡Eeeeeeeeeeeh… Eeeeeeeeeeeh…! ¡Péeeee-rón, Péeeee-rón, Péeeee-rón! (Carraspea y retoma el tono discursivo) Durante el último campeonato de coches no hubo mejor equipo que Mercedes Benz, ¡un ejemplo de organización y disciplina! Por eso, agradezcan que no los haga trabajar los domingos, día de los partidos. Para los domingos fabriqué los robots, ¡para que ustedes no tengan que salir a manejar el 107! Pero no duerman la siesta, ¡por favor! Dejen que cada uno haga lo que quiera porque los domingos… (Hace una breve ovación con la vocecita) ¡Los domingos no pueden trabajar los médicos! ¡Está prohibido! (Hace una ovación más extensa) Y desde hoy, ¡todos los días son domingo! (Ovación prolongada, la multitud no para de vivar el nombre de Perón; luego se hace un silencio hasta que retoma el tono declamatorio) Y si necesitan un médico… Si necesitan un médico les mando a mis robots, ¡que no fallan porque tienen colectivo propio y nunca llegan tarde! Si me hacen caso y no duermen la siesta, serán atendidos por mis robots ante cualquier emergencia… (Ovación) Y por favor… (Ovación) Por favor… Lávense las patas antes de dormir los sábados a la noche. Yo sé que no es fácil, sobre todo si hace frío… ¡Sé que el burlete está despegado y entra chiflete! (Ovación estruendosa, viva a Perón prolongadamente) Aunque sea, se pasan un trapito mojado con agua tibia y un poquito de jabón, para que se me limpien la mugre de las rodillas, de los tobillos… ¡No quiero que a mis robots les dé asco por tener que revisar a un patasucias! (Hace la ovación una vez más, viva a Perón muchas veces) Así que el sábado a la noche, trapito. Y el domingo a esperar al Dr. Perón, ¡levantados todo el día! (Ovación) Gracias… Gracias mis amigos, gracias mis amigas… Hasta la próxima, que espero no sea muy pronto porque quiero que se porten bien… Gracias, ¡gracias! (Se retira del balcón haciendo la ovación con la vocecita) ¡Eeeeeeeeeeeh… Eeeeeeeeeeeh…! ¡Péeeee-rón, Péeeee-rón, Péeeee-rón!

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