UN PERONCITO (CRÓNICA DE UN SÓLO NIÑO) – EPISODIO 1

UN PERONCITO (CRÓNICA DE UN SÓLO NIÑO)

TEMPORADA ÚNICA, EPISODIO UNO

 

 

 

PERSONAJES: 

Tomás – Tomasito

El General

La Madre – Juana – Enfermera

El Padre – Mario

Avelino

Dr. Gaetti

Niño 1

Niño 2

Niño 3

 

 

NOTA PRELIMINAR AL EPISODIO UNO

Su abrazo se iluminó en la penumbra, nos recortó del mundo como si fuésemos una feliz confluencia. Pensé que no llegaría nunca. Buenos Aires rebalsaba de lluvia. Cruzarla de norte a sur en coche, desde los suburbios de Munro, de por sí demandaba empeño, aún en día de sol. Pero cuando la lluvia es torrencial y el agua se desmorona contra el planeta durante horas y horas, las calles de mi ciudad natal se transforman en acequias, canales, ríos torrentosos. Pero yo quería llegar. Mi semana se marcaba a fuego por los días en los que iba de Marcelo y -en este caso de tormenta- de Irina. De ausentarme, la pérdida sería incalculable. En ningún instante se me cruzó por la cabeza no salir de casa por mera prudencia meteorológica. Tampoco me importaba si, eventualmente, resultaba el único asistente a la clase de esa tarde: todavía la fortuna no había llegado a su cima.

Desde el prematuro crepúsculo en la sala, sus brazos se extendieron de felicidad al verme entrar por la puerta, empapado. “¡Yo sabía, yo sabía!”, gritaba una Irina niña. “Sabía que no podías fallar, lo sabía”, y el abrazo se hacía más y más: inmenso; nos ponía en esa otra parte a la que ni el más ilusionado de los ilusionados sospecha arribará algún día.

Esa tarde supe muchas cosas, en el cuerpo. Esa herramienta con la cual Marcelo nos pedía que escribiésemos. Porque escribir, había que escribir con el cuerpo. La hora de la razón sería otra, postrera. Y así, con mi cuerpo pegado al de Irina, esa tarde gris marcó a fuego lo que vendría, en medio de un aguacero de dimensión Homérica.

Hube de improvisar mil contramarchas en un coche que había aprendido a manejar no hacía tanto. Porque sí: a todo llego “tarde”, para retirarme a tiempo. Lo importante no es llegar antes sino irse en el momento adecuado. La intuición me hizo trazar curva y contra-curva, mil veces; y una más. Como si Ariadna me hubiese otorgado su ovillo con el fin de que, una vez muerto el Minotauro, huyésemos en un abrazo dionisiaco.

 

 

ESCENA SEGUNDA – TOMASITO, LA MADRE, DR. GAETTI

 

Consultorio médico, que podría estar instalado delante o aún dentro de la habitación que Tomasito comparte con su hermano Avelino. Una camilla, un banco metálico con asiento redondo, un apoya-brazo para la extracción de sangre o aplicación de inyecciones endovenosas, ampollas, jeringas y gran cantidad de tubos de ensayo sobre una mesada de mármol negro.

 

DR. GAETTI

A ver, a ver… Mirá vos, sos el hombrecito más guapo de todos. Seguro que nadie se la aguanta como vos… A ver la venita… ¡Pero qué buenas venas tenés! ¡Me hacés el trabajo fácil!

LA MADRE

No mires, Tomasito. Acordate de lo que dijo papá: si mirás para otro lado, no vas a sentir dolor. Es una pavadita nomás, enseguidita te acostumbrás.

TOMASITO

(Hombros caídos, mirada perdida, como resignado a lo que dicta la situación)  Pssssssss… Áia… Ssssssss, ay…

DR. GAETTI

Ya está. Sostené el algodoncito acá. Apretalo fuerte, eso, muy bien… (Pausa) Así que te gusta jugar a la pelota… (Tomasito asiente tímidamente) ¿Che, te comieron la lengua los ratones?

LA MADRE

Contale al doctor…

TOMASITO

Ya le dije que sí, Má…

LA MADRE

(Bajando el tono de voz e intentando un aparte con el médico) Doctor, ¿en cuánto tiempo se ven los primeros resultados? Me da pena lo que va a sufrir con las inyecciones… No sé, como nada lo mejora… Quiero decir, a veces conseguimos alguna mejoría pero nada dura mucho. Y vuelta a empezar, otra vez… Haríamos cualquier cosa por el nene, por supuesto… (Pausa) Es que el tratamiento es muy costoso para nosotros y si se extiende mucho…

DR. GAETTI

(No responde en el tono confidencial con el que le habló La Madre, habla fuerte para asegurarse que Tomasito lo oiga) Mire, madre: no le va a quedar ni una sola marca muy rápidamente. Usted me pregunta, es lógico, entiendo. Y yo le respondo. Con una afirmación, no con otra pregunta como hacen los idiotas y los miserables. (Pausa) El tiempo es importante. Y es importante curarlo a tiempo. Para mantenerlo controlado. No le voy a mentir: hay cosas que más que curarse se controlan y se llevan toda la vida así. Es como que no existen. Acá se lo vamos a dejar sin una sola marca, ya va a ver. Llegaron en el momento justo, eso es lo mejor. Lo más importante es que en unos pocos años se vea igual a todos los demás chicos. La apertura a la vida social, el despertar a un mundo nuevo… Estamos justo a tiempo.

LA MADRE

Disculpe que le haya dicho así… Pero recorrimos tantos lugares. Conocemos cada uno de los hospitales de Buenos Aires. Ni hablar de los curanderos…

DR. GAETTI

Señora, llevo treinta años estudiando la psoriasis. Logramos lo que nadie con centenares de pacientes. O con miles, ¡ya perdí la cuenta! Y algunos célebres. (Pausa. Sonríe de soslayo) No me gusta andar contándoselo a cualquiera, pero a veces el orgullo me dificulta el silencio… Acá mismo donde estamos, traté… Qué digo traté: curé. Aquí mismo desde donde le hablo, curé al mismísimo Juan Perón. Si se fija bien al salir, en la sala de la fuente puede ver una foto que nos tomamos con el General.

LA MADRE

La vimos, la vimos: es lo primero con lo que uno se encuentra al entrar. Me habían hablado de esa foto. Mi marido siempre le dice a Tomasito que su enfermedad no la tiene cualquiera…

DR. GAETTI

Qué orgullo, ¿vio? El chico ya debe saber quién fue el General (Asomando su cabeza por sobre el cuerpo de la mujer, eleva el tono de voz y se dirige a Tomasito) ¡Ey, enano! ¿Sabés una cosa? El General Juan Domingo Perón le dio trabajo a mi padre y a ocho de sus once hermanos. Le dio trabajo a medio país. Él fue el primer trabajador. ¿Sabías?

(Tomasito lo observa todo en silencio. Cuando se dirigen a él, asiente de modo apenas perceptible. Mientras no lo están mirando, su rostro delata el esfuerzo por escuchar lo que se está diciendo. Pero ni bien los adultos lo sorprenden en un cruce de miradas, Tomasito corre la vista y simula estar distraído)

LA MADRE

Él sabe bien… Mi suegra le mostró los roperos que le regaló Eva, si todavía están impecables. Siempre miramos la estampita pegada detrás de la puerta del medio. ¿No, hijo?

DR. GAETTI

¡Qué grande, enano! ¡La misma enfermedad que el General!

(Tomasito no responde y por primera vez da señales de fastidio)

LA MADRE

(Otra vez en tono confidencial) A veces se pone rebelde, sobre todo cuando se brota en las manos y en la carita… El padre le contó antes de venir acá. Le dijo que al General también le daban las inyecciones… Como para que se anime. Le preguntamos si tenía miedo, pero bueno… Está un poco cansado.

Ahora, las miradas de los adultos se dirigen a Tomasito, quien esta vez no las evita: mira primero a la madre. Luego al doctor. A él le habla.

TOMASITO

¿Tengo que volver?

EL DOCTOR

¿Y a vos qué te parece?

 

ESCENA TERCERA – TOMASITO Y LA MADRE

 

Habitación que Tomasito comparte con su hermano Avelino. Hay dos camas. La de Tomasito, más pequeña, se saca de debajo de la de Avelino, como si fuese un cajón. Tomasito está sentado sobre su cama, semidesnudo. Entra La Madre.

 

LA MADRE

Vamos, a bañarse que va a llegar tu padre.

TOMASITO

Ufa, Má… ¡No tengo ganas!

LA MADRE

No me hagas otra vez lo mismo, no quiero renegar al divino botón.

TOMASITO

¡Es que no me ensucié!

LA MADRE

¿No? ¿Estuviste en el campito de la estación dos horas meta patear la pelota y no te ensuciaste?

TOMASITO

¡Te dije que no!

LA MADRE

¿Te creés que soy tonta? Tenés todos los tobillos negros.

TOMASITO

¿Pero para qué me voy a bañar? Mañana tengo gimnasia y me ensucio de nuevo.

LA MADRE

Ni sueñes con que te voy a dejar ir al colegio así, de ninguna manera. Aparte, decime una  cosa…

TOMASITO

No.

LA MADRE

¿No? ¿No qué?

TOMASITO

¿No? ¿No qué?

LA MADRE

Terminala…

TOMASITO

Terminala…

LA MADRE

Me estás cansando, Tomasito…

TOMASITO

Me estás cansando, Tomasito…

LA MADRE

(Mientras se da vuelta, abre el placard y acomoda ropa) Qué tonto…

TOMASITO

Qué tonto…

Silencio. La Madre ordena el interior del placard mientras Tomasito, tendido en la cama, juega con sus manos como si fuesen avioncitos, aunque no emite sonido alguno.

LA MADRE

A ver si le hacés lo mismo a tu padre cuando vuelva…

TOMASITO

A ver si le hacés lo mismo a tu padre que ya vuelve…

LA MADRE

¡Ah, te agarré! ¡Yo dije cuando vuelva!

TOMASITO

¡Ah, te agarré! ¡Yo dije cuando vuelva!

LA MADRE

Perdiste, la la la…

TOMASITO

Perdiste, la la la…

LA MADRE

Terminala…

TOMASITO

Terminala…

LA MADRE

(Enojada) ¡Terminala, por favor!

TOMASITO

¡Terminala, por favor! (Pausa. El niño observa a su madre -que continúa acomodando ropa- y retoma en voz muy baja, casi inaudible) Mirá que estoy cansada, desde las seis de la mañana que estoy trabajando como una burra y todavía tengo que levantar la mesa, lavar los platos…

LA MADRE

Mirá que estoy cansada, desde las seis de la mañana que estoy trabajando como una burra y todavía tengo que levantar la mesa, lavar los platos… (Silencio. La Madre culmina su tarea, cierra el ropero y continúa el diálogo) Entendeme, chiquito. No se puede ir a dormir todo sucio, con los tobillos y las rodillas percudidas de mugre. ¿Y si te pasa algo a la noche, si tenemos una emergencia? ¿Vas a ir así al hospital a que te vean los médicos?

TOMASITO

¡Máaaaa! Estoy cansado… No quiero levantarme.

LA MADRE

No voy a permitir que duermas así. Se terminó el juego.

TOMASITO

Pasame un trapito…

LA MADRE

No.

TOMASITO

(Suplicante) Por favor te lo pido, el trapito calentito…

LA MADRE

No hagas teatro que no me vas a convencer. Tomasito…

TOMASITO

¡Dale, Má! Si total son los pies y las rodillas nada más. ¡Traé el trapito!

LA MADRE

Mirá que sos, eh… (Pausa) Si no la gana, la empata. (Mientras sale y Tomasito festeja gozoso un nuevo triunfo dando saltos sobre la cama) Y sucio, igualito al padre…

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