CUADERNO DE APUNTES ACERCA DE UN LIBRO QUE QUERÍA SER CUADERNO (Convocatoria)

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Este es otro espacio abierto a quienes hayan leído “32 (El Libro que Quería Ser Cuaderno)” (y, por qué no, también a aquellos que no hayan cometido semejante pecado): están todos invitados a verter aquí los comentarios y pensamientos que puedan tener acerca del libro. Sería una sección análoga a la que usualmente se denomina “prensa”. En este tipo de sección, suelen reproducirse las críticas que haya tenido un libro (o un disco, etc.). Pues bien: aquí la idea no se limita a reproducir los “artículos de prensa” sino que se extiende a todo el mundo. Porque, al fin y al cabo y por si acaso lo hubiésemos olvidado, todas las visiones sobre el mundo y sus pequeñas cosas debieran contar por igual.

En el cuerpo de la entrada (es decir aquí), reproduciremos los artículos publicados por la prensa. Los comentarios de los lectores (igualmente relevantes, me reitero) irán debajo, en el espacio de los comentarios. Entonces…

 

POSEÍDO DEL ALBA: LA BALADA DE GERMÁN BORDAGARAY

Publicado en el diario Clarín el día 27 de diciembre de 2017 (por José Bellas)

 

Poseído del Alba

 

“El documental sobre Tower Records (All Things Must Pass: The Rise and Fall of Tower Records) que tanto está dando de qué hablar por ahí propone varias constantes. Una, que en los ’70, así hayas puesto una panadería o una ferretería, los tragos salían, la droga corría y el sexo era furtivo,  permanente, maratónico. Y otra, que para arruinar una cadena de negocios, es esencial extender la franquicia hasta la Argentina.

En la romántica y  sufrida visión del desmoronamiento comercial, por supuesto, omiten la capacidad para roer las cuevas locales de ventas de discos que el par de sucursales del Tower porteño ejerció entre 1996 y 2001. Una de las damnificadas quedaba a meros de la sucursal de Cabildo y Juramento: El Oasis. Regenteada por Germán Bordagaray, fue faro y punto de convergencia de la anglofilia argenta de fin de milenio, amén de contemporánea del brit-pop  y la convertibilidad. Bordagaray, además, no era un simple disquero: su influencia en el entorno de clientes era notoria, trascendente.

Lo avalaban un par de proezas de tono global, emparentadas con dos de sus bandas favoritas. Por un lado, en uno de sus tantos viajes, supo regalarle a Noel Gallagher un compilado de The Left Banke, una gran banda sesentosa de pop barroco y británico, que resultó ser toda una revelación para el compositor de la banda que bautizaba su local. Gallagher contaría en varias ocasiones el deleite y la influencia de aquel cedé, y de su fan argentino. Por el otro, una caja de discos que aúna desmesura, pasión y locura por The Cure: el Pink Pig Project, que consta de TODOS los temas que haya grabado la banda de Robert Smith, en versiones especialmente grabadas por bandas de todo el planeta, en un proyecto que fuera bendecido por el propio Smith.

El Oasis, la disquería, dejó de funcionar a principios de siglo, aunque tuvo su momento de tienda virtual. Germán empezó a rotar hogares en distintos países, haciendo lo de siempre: persiguiendo la música y procurando escapar de las numerosas dificultades físicas que lo acompañan desde pequeño y parecen desafiarlo, con periodicidad de maldición, en su declarada mediana edad, como un rosario de impenitente puntualidad.

Así las cosas, el ahora vecino de Chieri, en el Piamonte italiano, acaba de publicar un libro que podría intuirse como un tratado del poder curativo de la música, pero no. O un sucedáneo de la manifestación espiritual y científica de los sonidos, en la veta del Musicofilia de Oliver Sacks, pero tampoco. Más bien, lo que contiene 32 (El Libro que Quería Ser Cuaderno), es un ejercicio lúdico: el de un niño, el propio Germán, que a los seis años sale de madrugada con su madre, que lo lleva a hacerse atender al Hospital Argerich. El 32, su número favorito, los controles de su pie bot, el deseo de escribir un libro y escaparse de todo, con la música como único y último refugio de un cuerpo que arriba al medio siglo de vida con “una artritis en todo el cuerpo, caderas de titanio y la cervical anquilosada” y que, a causa de su psoriasis, se siente “un pez lagarto descamando eternidad”.

Para hablar de esta ópera prima de Bordagaray, que se ocupó de dejar copias en alguna librerías porteñas antes de regresar a Europa, el único spoiler es continuar hablando de dificultades físicas, insólitas y arbitrarias deportaciones y sueños enterrados. Lo demás, lo bueno, es una prosa agria, con un sentido del humor transparente, revelador. Con epifanías de alivio, con el gutural pesar que puede tender escuchar una canción conocida en manos de un artista callejero durante un momento especialmente sombrío. Y con aristas de destino manifiesto en reversa, como la historia de su encuentro con una de sus cantantes favoritas. Así que pueden seguir sintiendo empatía emotiva por el millonario ex dueño de la quebrada Tower Records, nomás. O pueden leer, también, cómo ser inquebrantable en nombre de la música.”

 

 

Ahora, dejá tus pensamientos como un comentario a esta entrada. Podés suscribirlos o dejarlos como anónimo. Nada será censurado.

Gracias.

 

 

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